Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

El templo del oro (1986, J.Lee Thompson) Firewalker


Hoy conducimos nuestro Delorean hasta el año 1986, año del Mundial de México, donde ya nos la liaron nada más empezar, con aquel gol anulado a Michel contra Brasil, aunque luego el Buitre destapase sus esencias goleadoras y tetragolease a la por entonces poderosa Dinamarca…pero esa es otra historia.

Lo que os traigo hoy es para el que suscribe este escrito, una de las mejores y más entretenidas películas de lo que solemos llamar “Buddy movie”, es decir, película de colegas.


Protagonizada por Chuck Norris, Louis Gosset Jr (ganador de un Oscar por su papel en Oficial y Caballero), la belleza deslumbrante de Melody Anderson y por dos secundarios de lujo Will Sampson y el inolvidable Salah de Indiana Jones: John Rhys Davies.

La trama se centra en la búsqueda del templo del título, por parte de nuestros dos héroes, mientras en la sombra Sonny Landham trata de evitarlo, interpretando aquí uno de sus característicos papeles de villano.

No sé si es por el hecho de que fuese una de las primeras películas que vi en el cine o por el hecho de que saliese mi adorada Melody Anderson, el caso es que siempre le he tenido un especial cariño a este film, en el que digamos que consiguen explotar la vena cómica de Norris junto a Gosset, sin por ello disminuir la acción y especialmente las patadas laterales de nuestro adorado Chuck.

Película entretenida a la par que entrañable, con aroma a perfume aventurero, esencia de plástico brillante y cartón piedra ( lo del templo, es un ejemplo de cómo ahorrar unos eurillos en un mismo decorado) sin trampa, no esconde sus intenciones desde el minuto uno con las escenas en el desierto.


Tanto en aspecto humorístico, como en el de ser una película para evadirse, de aventuras, la Cannon sabía donde tenía que beber, es decir, Indiana Jones y Alan Quatermain, ya que en todo momento todo te suena a algo visto previamente, aunque raramente no te resulte pesado, ni en aquella época, ni con el visionado reciente, ya que es de esas películas que por su carácter añejo, se le sigue queriendo y disfrutando como hace treinta años.

Espero que podáis volver a verla y me contéis vuestras impresiones, especialmente os la recomiendo para esos sábados o domingos de invierno en los que único que apetece es tomar un chocolate caliente ,tapados por una manta y disfrutar una buena película.

Nos leemos en la siguiente review, ochenters.

Mi nota: 7.5/10

Próxima parada: “Golpe por Golpe” año 1981

Jose María Molano

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Star Trek II: La ira de Khan (1982, Nicholas Meyer) Star Trek: The Wrath of Khan


La última oportunidad para la Enterprise

Si Star Trek celebra su 50º Aniversario con un nuevo film estrenado recientemente y una nueva serie en producción lista para estrenarse en unos meses, se lo debemos en buena manera a Star Trek II. Para comprender este hecho, hemos de resumir brevemente los antecedentes acaecidos años antes.

Tras el éxito abrumador de Star Wars en 1977, Paramount Pictures, dueña de los derechos de Star Trek, decidió sacar del ostracismo a Kirk, Spock y compañía invirtiendo un presupuesto sin precedentes con el fin de obtener un éxito parecido al de la saga de George Lucas. Para ello no se escatimó en medios, y se contrató a un director de renombre como Robert Wise (West Side Story, Sonrisas y Lágrimas, Ultimátum a la Tierra, el Yangtsé en llamas...) para dirigir la película, a Jerry Goldsmith para componer su magnífica banda sonora, Douglas Trumbull a cargo de los efectos visuales, Gene Roddenberry (creador de la serie) como guionista y productor, Isaac Asimov colaborando en el guión, decorados espectaculares, un vestuario tremendamente variado, etc... La dificultad de la producción disparó el presupuesto hasta los 45 millones de dolares, y pese a que en taquilla alcanzó los 82 millones de recaudación en Estados Unidos, no fueron las cifras esperadas por Paramount para una producción de semejante inversión. Y lo cierto es que la película tiene una impecable factura, la historia es interesante, está bien dirigida... ¿Entonces?, ¿Donde está el problema?, el problema es que para el espectador en general resultó muy aburrida. Fue una película más cercana a “2001” de Kubrick que a la esencia de la serie original de los sesenta.


Por ello, gran parte de los directivos de Paramount no querían oír hablar de una posible secuela, sin embargo, Charles Bluhdorn, presidente de Gulf+Western, gran fan de la serie a su vez, se reunió con el presidente de Paramount, Michael Eisner, para proponer una segunda parte. Llegaron a un acuerdo y contrataron a Harve Bennett (responsable absoluto de resucitar la saga) como nuevo productor, apartaron a Gene Roddenberry del proyecto relegándolo a un simple cargo de renombre con gran sueldo pero nulo poder ejecutivo, y sobre todo y por encima de todo, redujeron el presupuesto a unos míseros 11 millones de dolares.  

Producción imposible

Harve Bennett tenía fama de ser un productor controlador y experto en ahorrar cada centavo de cualquier producción. Sin embargo, pasar de un presupuesto de 45 millones a unos paupérrimos 11 requería tremendos quebraderos de cabeza.
El primer problema a solucionar era crear un guión dinámico y que resultase económico. Se recurrió a varios guionistas, algunos de ellos procedentes de las serie original, sin éxito; ideas interesantes pero sin concretar un guión que entusiasmase a los directivos de Paramount.

A su vez, Bennett se enfrentaba a más retos, uno de los mayores era que Leonard Nimoy se negaba en rotundo a participar de nuevo interpretando a “Spock”. Nimoy estaba tremendamente enfadado con el resultado de la producción del 79 y acabó completamente harto de Star Trek. Dejó muy claro a Bennett que si volvía a participar en la saga no sería por dinero sino por un guión realmente interesante para su personaje. Bennett que era un tipo muy listo propuso a Nimoy que “Spock” muriese en esta segunda parte, hecho que le entusiasmó y además le posibilitaba dejar la saga con buen sabor de boca, por lo que aceptó.

Mientras tanto, el guión iba tomando forma y se eligió contar con un personaje malvado que fuera la contrapartida a Kirk en la película, y que mejor para ello que elegir de nuevo a “Khan Noonien Singh”, del capítulo de la serie original llamado “Space Seed”. Ricardo Montalbán, magnífico actor mexicano de padres españoles, se encontraba por aquel entonces rodando la quinta temporada de “La isla de la fantasía” y estuvo encantado de volver a encarnar a “Khan”.

Pero sobre todo, el mayor de los retos era encontrar un director capaz de dirigir una producción tan caótica y con un presupuesto tan nimio. Bennet recurrió a un joven director que conocía bien por su etapa en la televisión, Nicholas Meyer.

Si a Bennett se le debe el resurgir de Star Trek; la determinación, profesionalidad y pasión de Nick Meyer supusieron el éxito de Star Trek II. Es Meyer, pese a no aparecer en los créditos, el que en doce días logró reescribir un guión que incluyese la muerte de “Spock”, la aparición del hijo de “Kirk”, el arma “Génesis” y dar protagonismo a “Khan”. Así como montar la película a poco más de cinco semanas del estreno del film en cines, todo ello a base de horas y horas de trabajo, dormir en el plató, etc...


Más sacrificios

Bennett tuvo que realizar la cuadratura del círculo para no sobrepasar el escaso presupuesto. Tuvo que descartar a Douglas Trumbull en el apartado de efectos visuales y recurrir a ILM que por aquel entonces ya disponía de equipos estandarizados que minoraban costes; con todo, y pese a reutilizar planos de Star Trek: La película (1979), el trabajo fue realmente bueno y los técnicos de efectos consiguieron el hito de crear la primera secuencia generada totalmente por ordenador en la historia del cine (la secuencia Génesis).

No se pudo contar tampoco con el gran Jerry Goldsmith para crear la nueva banda sonora, y se contrató a un desconocido James Horner, que años más tarde se convertiría en uno de los mejores compositores de todos los tiempos, y que en esta secuela consiguió una magnífica composición.

Aunque los mayores sacrificios se realizarían en los decorados. Si Robert Wise contó con grandiosos y diversos decorados, Nick Meyer tuvo que reutilizar los pocos de los que debía; como curiosidad contar que tanto las secuencias del puente de mando del “USS Reliant” como las del “USS Enterprise”, usan el mismo decorado con algunas modificaciones. Primero se tuvieron que rodar todas las escenas de “Khan” en el “Reliant”, desmontarlo, volverlo a montar y rodar las del “Enterprise”.

El vestuario también se vió afectado; dejaron de lado los cuantiosos y “apagados” trajes de la primera parte para estandarizar un nuevo uniforme paramilitar que se adoptaría en las diferentes secuelas.


La clave del éxito de Star Trek II

Por encima de todo yo destacaría la tremenda interpretación de Ricardo Montalbán como “Khan”. El rencor y la obsesión que logra impregnar al personaje, sus diálogos, la pasión con la que lo interpreta hacen de “Khan” el mejor “malo” de toda la saga Star Trek y uno de los mejores “malos” del celuloide.
Star Trek II es una película dinámica, apasionante, llena de acción, con un rival a la altura de “Kirk”, la inolvidable muerte de “Spock”,etc... Y además logró una recaudación de 78 millones de dolares, proporcionalmente infinitamente más rentable que la primera parte.

En definitiva, todo un éxito que logró resucitar una franquicia que parecía muerta en el 79, y que propició la infinidad de películas y series posteriores. Para gran parte de los amantes de Star Trek, y yo también comparto esa opinión, “Star Trek II: La ira de Khan” es la mejor película de toda la saga.

LARGA VIDA Y PROSPERIDAD”


por Rafael Fernández Moreno

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Star Trek IV : Misión, salvar La Tierra (1986, Leonard Nimoy) Star Trek IV: The Voyage Home


El fenómeno Star Trek celebra su cincuenta cumpleaños, y lo hace en torno a la fecha del 8 de septiembre, por eso, CINE DE LOS OCHENTA va a reseñar sus más relevantes títulos cinematográficos en la década, empezando por la película más ochenter de todas: Star Trek IV: Misión salvar la Tierra (Star Trek IV: A voyage home, Paramount Pictures, 1986) dirigida por Leonard Nimoy y protagonizada por el reparto original de la serie.

Sus puntos fuertes: El original argumento lleno de humor y guiños a la actualidad de entonces -los tripulantes del Enterprise retroceden en el tiempo a 1986-, que la hizo convertirse en la más rentable de la serie en la década, el trabajo del elenco protagonista en el que todos tienen su momento de lucimiento, y el toque de denuncia en favor de la defensa del medio ambiente y las especies animales amenazadas. Su punto flaco, unos efectos especiales que entonces parecían espectaculares pero hoy en día están superados pero conservan el encanto de los fondos pintados, los decorados, las maquetas y los fundidos.

Según Leonard Nimoy, tras una primera película muy visual pero algo estática y dos continuaciones espectacularmente intensas pero muy dramáticas, tanto el productor Harve Bennett como él, estaban decididos a “animar la cosa” en esta cuarta. Tanto Bennett como Nick Meyer, otro veterano de la franquicia se encargaron de pulir el guión, que incluía un viaje al pasado, se pensó en Roma o el Lejano Oeste y al final fue a la actualidad de entonces.

Para Nimoy, como cuenta también en su libro de memorias, este nuevo rodaje como actor-director iba a ser un reto exigente (Mientras Star Trek III se había rodado en estudio y él sólo aparecía a ratos, esta iba a rodarse casi toda en exteriores de San Francisco y San Diego, y él aparecía en casi todo el metraje), lo que le obligó a ponerse en forma y dejar de fumar. Pero todo mereció la pena porque cuando terminó, se quedó con esa “sensación de satisfacción” de haber devuelto a Star Trek y a Spock mucho de lo que le había dado.

El argumento

Tras rescatar a Spock desobedeciendo las órdenes de la flota estelar, Kirk y su equipo son unos proscritos que pilotan una nave Klingon. Decididos a afrontar su destino, deciden regresar a San Francisco para ser procesados, pero, cuando se acercan a la Tierra, detectan una señal desconocida. Se trata de una enorme y poderosa sonda que emite un mensaje indescifrable al tiempo que destruye todo a su paso mientras se dirige también a la Tierra amenazando con destruirla. Aislando la señal, Ujura y Spock deducen que se trata de un canto similar al de las ballenas, pero en el siglo XXXIII el ser humano las ha extinguido por completo. La solución: forzar la velocidad de curvatura para viajar al pasado, algo que ya han hecho antes, para ir a finales del siglo XX y traerse a dos ballenas para que “hablen” con la amenazante sonda.

A su llegada, la tripulación espacial no desentona en la variopinta fauna urbana del San Francisco de 1986, pero están totalmente fuera de lugar, lo que desemboca en situaciones hilarantes y otras peligrosas. Se distribuyen el trabajo: Kirk y Spock conseguirán las ballenas, Uhura y Chejov combustible nuclear para los vacíos depósitos del ave de presa klingon tras un viaje tan exigente; por su parte, Scotty y McCoy han de fabricar con tecnología de la época, un tanque para albergar a sus nuevos huéspedes para que Sulu lo transporte a la nave.


Los protagonistas van a contar con la inesperada ayuda de una joven bióloga marina, Gillian Taylor, que trabaja en el acuario de la ciudad, donde hay a una pareja de ballenas en cautividad que pronto van a ser liberadas. Es la ocasión perfecta. Kirk traba amistad con Gillian que al principio reacciona con escepticismo pero luego se compromete a ayudarlos. Sin embargo, la prematura puesta en libertad de las dos ballenas precipita los acontecimientos y el grupo tiene que despegar rumbo a alta mar para salvarlas de unos desaprensivos balleneros. Finalmente regresan al futuro para soltar a los cetáceos justo en el momento en que la Tierra va a ser destruida y así salvar el planeta.



Momentos inolvidables

Tras un comienzo más pausado, la película adquiere un ritmo trepidante con la llegada de los protagonistas al San Francisco de los ochenta (Las escenas de las calles se rodaron con peatones y tráfico reales lo que, según Nimoy resultó mucho más emocionante). Tiene momentos muy divertidos, como en el que Spock para los pies a un gamberro en el autobús con su famoso pellizco vulcano y arranca el aplauso de los viajeros; el memorable diálogo de Scotty con el vetusto ordenador ochentero a través de un primitivo ratón que utiliza como micrófono (“Hola, computadora…”); cuando un hombre vestido de forma extraña y con evidente acento ruso acompañado de una mujer de color, Chejov y Uhura, preguntan por la calle dónde está la base de los portaaviones nucleares (esta escena se rodó con cámara oculta para ver la reacción real de la gente, recordemos que entonces estábamos en plena Guerra Fría, de hecho, si nos fijamos, un policía en moto observa la situación con desconfianza y la persona que finalmente les hace la indicación es una viandante improvisada); o cuando Sulu se sube a un helicóptero UH y le preguntan “¿Pilota usted?” y él responde con modestia “un poco”. 



Mención aparte, casi al final, la escena del hospital, cuando un espantado Dr. McCoy pide a sus compañeros que rescaten al accidentado Chejov exclamando “¡no podemos dejarlo en manos de la medicina del siglo XX!”. Se puede ver en las caras lo bien que se lo estaban pasando los actores mientras rodaban la persecución por los pasillos. Como también ocurre en la escena final, con todos saltando al agua como adolescentes en una juerga.



También hay otros momentos no tan hilarantes y más propios de una película de ciencia ficción. Los efectos especiales, encargados a la prestigiosa e innovadora ILM de George Lucas, combinan momentos aun hoy impactantes, como los vuelos espaciales, las teletransportaciones o la recreación mecánica de las ballenas George y Gracie, los MacGuffin de la película (recursos que hacen de hilo conductor de la trama), con otros por los que ha pasado más el tiempo, como algunos fundidos o el psicodélico y casi lisérgico momento del viaje atrás en el tiempo a velocidad diez de curvatura.

El reparto

Participan en esta película los actores habituales de la serie, “los siete magníficos” como los llama cariñosamente Nimoy, a saber: Bill Shatner como Almirante Kirk (al que una vez más dobla al español el gran Constantino Romero), Leonard Nimoy como Sr. Spock, DeForest Kelley como el Dr. Leonard McCoy "Bones", Michelle Nichols como la teniente Nyota Uhura, Jimmy Doohan como Scotty, George Takei como Hikaru Sulu y Walter Koenig como Pavel Chejov.

Junto a ellos, como debutante en la serie, la actriz Cathy Hicks en el papel de la bióloga Gillian Taylor, cuya espléndida sonrisa inunda la pantalla, y que, en palabras de Nimoy, hace una interpretación magnífica aportando “una inocencia sorprendida y fresca, mezclada con un cinismo urbano que hace funcionar de forma maravillosa el personaje.”

También aparecen brevemente otros personajes que dan continuidad a la historia como el embajador Sarek, padre de Spock, que desde la serie original de los sesenta interpreta Mark Lenard, o la teniente Saavik (Robin Curtis).


Un poco de Historia
La serie original Star Trek, sus películas, secuelas y spin offs forman parte ya del imaginario colectivo de varias generaciones y constituyen un auténtico fenómeno social en todo el mundo, pero el camino ha sido largo y no siempre fácil.

Todo surgió de la mente de un creador televisivo, el genial Gene Roddenberry. George Takei, el actor norteamericano de origen japonés que encarna al piloto Hikaru Sulu, ha contado recientemente cómo le presentó su proyecto cuando le ofreció el papel. Roddenberry quería presentar una visión optimista y amable del futuro, con la tecnología al servicio del bienestar común de pueblos y razas que viven en armonía.

La serie original comenzó a emitirse el 8 de septiembre de 1966 en la cadena NBC y duró tres temporadas con 79 episodios hasta 1969, en que la cadena decidió cancelarla de forma sorpresiva pese a que era un producto aceptado y rentable.

La productora, Paramount, guardó el proyecto en un cajón y no tenía intención alguna de reflotarla. Solo el inesperado éxito de La guerra de las galaxias en 1977 les hizo desempolvar la franquicia, primero con las películas y luego con más series.

Sin embargo, el elenco protagonista ya estaba entrado en años y en kilos, se les había ignorado durante una década, y sin embargo ellos son los que sostienen verdaderamente Star Trek junto con su creador, Gene Roddenberry, al que se relega, sin embargo, a un papel de mero asesor, porque en esta nueva etapa, Paramount considera Star Trek un proyecto estratégico, de estudio, para el que se maneja un alto presupuesto, guiones y directores diversos. Sin embargo, es solo en el momento en el que los originales de la serie toman las riendas cuando se produce el despegue. Es el propio Leonard Nimoy el que se postula como director, el que consulta a Roddenberry, el que supervisa los guiones y apuesta por un relato fresco, dinámico, novedoso y divertido para Misión salvar la Tierra, a la que dota también de un mensaje muy actual en el momento. Recordemos que en aquel entonces la caza de ballenas estaba desregulada, era indiscriminada en todos los mares y llevaba a estos cetáceos, parientes cercanos del hombre, a una extinción segura. Aún hoy en día, las ballenas, como otros mamíferos marinos, no tienen su supervivencia asegurada porque hay países como Noruega o Japón que amparan su caza bajo supuestos “científicos” que ocultan su objetivo comercial, y torpedean en los organismos internacionales cualquier iniciativa conservacionista.

Ya en los ochenta vinieron desde muy lejos para avisarnos de que cuidemos el planeta. Ellos siguen su viaje, para llegar donde nadie ha llegado antes. Larga vida y prosperidad.

Víctor Sánchez González


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El tren del inferno (1985, Andrei Konchalovsky) Runaway Train


El mejor film de la Cannon

“Runaway Train” que es su verdadero título, es sin lugar a dudas bajo mi percepción, la mejor película que produjo la mítica “Cannon Group, Inc”. No ha sido pieza inolvidable de nuestra niñez como otros títulos de la productora, pero si consiguió que Menahem Golan y Yoran Globus obtuvieran con esta producción, el ansiado reconocimiento unánime de la crítica.

En 1985, un año con producciones tan sobresalientes como “Memorias de África”, “El color púrpura”, “ “El honor de los Prizzi”, “El beso de la mujer araña”, “Ran”, “Único Testigo”, “Brazil” y blockbusters del calibre de “Regreso al Futuro”, “Cocoon” o “Rambo”; Golan y Globus lograban que una de sus películas obtuviera tres nominaciones al Oscar, concretamente a “Mejor Actor”, “Mejor Actor de reparto” y “Mejor Montaje”.

Menahem y Yoran lograron hacerse con un guión escrito (desechado en su momento) por el maestro Akira Kurosawa, y pese a dotar a la película de un presupuesto ridículo, intuían que tenían un buen proyecto entre las manos, por ello adelantaron el estreno de la cinta en unas pocas salas de Estados Unidos, al 6 de Diciembre de 1985, con el fin de que la película pudiera tener opciones de competir en los Globos de Oro y en los Oscar. Y no fue hasta el 17 de Enero de 1986, que la película llego al gran público siendo estrenada en 965 salas de todo el país.



La historia de un genio

Si hay una temática concreta que posee excelentes películas, además de la Guerra del Vietnam, es el drama carcelario. “Runaway Train” venía precedida de producciones tan notables como “El expreso de medianoche” (1978), “Fuga de Alcatraz” (1979), “Brubaker” (1980), en incluso “El beso de la mujer araña” del mismo 1985.

Bien, qué es lo que hace entonces que un film de tan pequeño presupuesto pueda colarse entre los mejores del género; simplemente contar con un guión basado en la historia escrita de uno de los mayores genios de la historia del cine, Akira Kurosawa. Es curioso a su vez que “Runaway Train” llegase a nosotros el mismo año en que Kurosawa estrenaba su última gran película, “RAN”.

Pese a las modificaciones en el guión, sigue poseyendo esos rasgos característicos que impregna el genio nipón. La mediocridad humana, la violencia, la dificultad de redención para los hombres, la esperanza, los demonios interiores de cada uno, el desengaño, una fuerte influencia shakesperiana... Hasta los entornos exteriores y el clima, tan importantes en la filmografia de Kurosawa, están presentes en “Runaway Train”.


 Al contrario que otros dramas carcelarios versados en presos carismáticos que logran cautivar rápidamente al espectador, en “Runaway Train” se presentan personajes sin ningún tipo de “edulcorante”.


Los actores, clave del éxito.

Si hay algo que destaca en esta película, aún por encima de su historia, son las interpretaciones... Contamos con cuatro personajes principales que bordan sus papeles.

Para el papel protagonista del preso “Manny Manheim”, se eligió a Jon Voight, un tremendo actor que por aquel entonces sufría el olvido de Hollywood, pese a protagonizar films tan notables como “Cowboy de medianoche” (1969), “Deliverance” (1972), “Odessa” (1974) y ganar el Oscar a mejor actor en 1978 por “El Regreso”.

Voight realiza una interpretación magistral e inolvidable, un personaje brutal que le llevó a ganar el Globo de Oro como mejor actor dramático del año, y a estar nominado al Oscar, que perdería de manera injusta pese a ser favorito al premio.

Para el papel del joven preso “Buck McHeegy”, se decantaron por un semi desconocido Eric Roberts, hermano mayor de la por aquel entonces desconocida Julia Roberts, y que en este film logra al momento cumbre de su carrera alcanzando la nominación al Oscar como mejor actor de reparto, para caer después en todo tipo de producciones de serie B.

El despiadado y obsesivo alcaide “Warden Ranken” sería interpretado por John P. Ryan (“M.A.S.H.”, “Elegidos para la gloria”), papel que bordaría. Aún recuerdo cuando al inicio de la película, tras caminar por uno de los pasillos de la prisión uno de los presos le espeta un insulto, se vuelve y dirigiéndose a los presos dice aquello de: “sois todos muy hombres escondidos en la oscuridad pero os voy a decir cual es vuestro puesto; primero está Dios, después yo, luego los guardias, después los perros que están en la perrera y por último vosotros, que sois peor que la basura, no servís para nada, ni a vosotros mismos...”.

Y para interpretar a la joven trabajadora ferrovial “Sara”, se elegiría a Rebecca De Mornay, que está irreconocible y cumple de manera sobresaliente con el papel.


Otros aspectos destacados

Para dirigir la película se optó por Andrei Konchalovsky, director soviético con experiencia que por aquel entonces intentaba labrarse un futuro en Hollywood después de triunfar en Cannes en el 79 con “Siberiada”, así que nadie mejor que él para rodar en los inhóspitos parajes de Montana ambientando los alrededores de la ficticia prisión de máxima seguridad localizada en Alaska. Una opción segura y económica para la Cannon.

Otro aspecto fundamental en una producción de bajo presupuesto es el montaje, a cargo de Henry Richardson, que ya tenía experiencia como montador en algunos films de James Bond, y que para “Runaway Train” realizaría una labor magistral por la que sería nominado al Oscar.


Conclusión

Los lectores de este artículo observarán que no he contado prácticamente nada de la historia, y es porque me gustaría que todos aquellos que no la han visto pudieran visionarla de la misma manera que pude hacerlo yo hace más de 20 años en la 2. Y es que nos encontramos ante otro de esos injustos casos de olvido fílmico. Hace no mucho leí un artículo en Internet donde se indicaba un listado de las 25 mejores películas de temática carcelaria, y esta no estaba entre ellas, y sí películas un tanto mediocres como “La última fortaleza”. Eso me hace pensar que parte de las personas que escriben sobre cine tienen un conocimiento demasiado genérico o actualizado sobre el cine. Espero que mi artículo sirva para que muchos podáis descubrir esta pequeña maravilla de la extinta e inolvidable “Cannon Group”.


Rafael Fernández Moreno

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Jo, ¡qué noche! (1985, Martin Scorsese) After Hours



After hours” (porque me niego a mencionarla por el título en castellano) es una rareza. Partiendo de que es una comedia y que es dirigida por Scorsese ya podemos decir que no es una película normal. Martin Scorsese se encontraba en los Ángeles, lejos de su ciudad (Nueva York), esperando para dirigir “La última tentación de Cristo” y Tim Burton era el elegido para llevar a cabo la realización de esta comedia diferente y extraña que es “After hours”. Finalmente el proyecto del director neoyorquino se aplazó y pudo hacerse cargo de la realización de nuestra película. Martin Scorsese venía de retratar Nueva York de una forma muy diferente en dos de sus trabajos anteriores ambientados en la ciudad. Estas míticas películas eran “Malas calles” (1973) y “Taxi driver” (1976). En este caso sigue perfilando las diferentes identidades sociales que habitan en los suburbios de Nueva York, ahora con el Soho de los 80, pero desde un prisma diferente, desde el surrealismo, la comedia negra y con un ambiente extraño y asfixiante para el personaje principal. Aquí se juega a un juego de empatía donde si todo lo que le pasa a Paul nos pasara a nosotros no sería para nada divertido y sí un verdadero horror. Aún así Martin Scorsese logra que esta mezcla de géneros no sea confusa, ya que en todo momento no dejamos de ver la película desde el género de la comedia aunque el triste informático se estrelle a cada momento con el fracaso. Martin Scorsese gana el galardón al mejor director en Cannes con una película que a priori es menor pero que le brinda este importante premio gracias a su saber hacer y profesionalidad, aportando originalidad a una cinta que, en principio, parecería vulgar y una más entre las miles de comedias que se producían en la década de los ochenta.

Griffin Dunne en el papel de Paul Hackett hace el papel de un personaje que no socializa, no parece tener éxito con las mujeres y que, incluso, nos hace recordar la timidez del personaje de Dustin Hoffman en “El graduado”. Como si de una escena de “El apartamento” de Billy Wilder se tratara, nos presentan el tedio en una gran oficina donde Paul trabaja con desidia, envuelto en la monotonía de los trabajos repetitivos y sin alicientes de una gran empresa en el corazón del capitalismo mundial. Atrapado como un personaje kafkiano dentro de un trabajo que no consigue que se sienta realizado, el trabajador escapa de su jornada laboral con una excelente escena donde las puertas exteriores se cierran aparentando rejas de una cárcel o bocas de un gran monstruo que se alimenta de la vida, el ímpetu y el optimismo de las personas que cada mañana entran para desarrollar su infinito y perpetuo trabajo.


Y es eso en lo que consiste la presentación de la película. Paul parece que escapa de la monotonía para iniciar una noche donde él podrá desarrollarse como persona y ser libre. Pero como un pájaro que vive un encierro toda su vida y no escapa cuando abres la jaula, la película nos muestra cómo el trabajador que huye de la monotonía se envuelve en una soledad que acentúa las rutinas aburridas y grises de quién ronda el pesimismo y la desidia. Ver un contenido en la televisión que ha visto mil veces o leer un libro que ya ha leído más veces (en este caso “Trópico de cáncer” de Miller). Título importante porque en este libro se narra una vida bohemia llena de experiencias de desenfreno sexual y etílico, lo cual constituye el contrapunto de nuestro protagonista. Dentro de ese sopor y acompañado por un ritmo de rodaje lento Paul conoce a Marcy (Rossana Arquette), la cual se le insinúa y le da un número de teléfono que consistiría en el billete a lo extraño y el surrealismo.


Esa misma noche el patético personaje vuelve a su casa y no tarda en llamar ni media hora. A esas horas de la noche Marcy le cita en su casa. Aquí se acaba el ritmo pausado y se inicia un ritmo frenético que solo para cuando se presentan nuevos personajes que aderezan el surrealismo que vivirá Paul Hackett toda la noche. Por fin nuestro informático empieza a vivir la vida, una locura pero vida al fin y al cabo.

Rossana Arquette, la cual recibió una nominación al BAFTA a Mejor actriz secundaria por su actuación en esta película, interpreta a un personaje que no deja de ser el conejo blanco que persigue Alicia hasta la madriguera. En este caso Paul también entra en una madriguera donde se encontrará con una fauna extraña y envolvente, creando una parodia de lo que era realmente la ciudad y que le dan esa personalidad a una película que no deja de sorprendernos y que posee un ritmo dinámico y tenso. Desde un taxi donde se escucha un flamenco pasado de revoluciones hasta un movimiento de cámara también excesivo en el ritmo que potencia la exageración del momento hasta el esperpento. En medio de esa locura donde el taxi derrapa la pérdida del billete, con el que se hubiera salvado de toda la experiencia, es una auténtica belleza. El director disfruta haciendo sufrir al personaje principal como nosotros lo hacemos como espectadores.


El guión de Joseph Minions es hilarante y brillante a partes iguales. Los diálogos rozan el absurdo y reflejan genialidad y frescura. Cuando Paul llega al apartamento donde augura una noche de sexo desenfrenado no está Marcy pero sí una magnífica Linda Fiorentino ejerciendo de amiga, compañera de piso y escultora. Queriendo encajar sin lograrlo, como intuimos le ha pasado siempre al personaje, opina sobre una escultura. “Se parece al chillido de Munch…” no, es el GRITO le responde taxativa la escultora. La cara de Griffin representa la idea que todos tenemos sobre la incomodidad. Aún así todo le vale para tener sexo y se le pasa por la cabeza intentarlo con la bella Kiki Bridges (Linda Fiorentino). Evidentemente todo sale mal.

 
El grito de Munch representa la asfixia, el agobio, la presión y la ansiedad. Cosas que el personaje sufrirá a partir de ese momento durante toda la noche. Concluimos que es una muy buena película que no se limita a unos cuantos gags sino que nos brinda una serie de aventuras y personajes pintorescos que nos harán reír y sufrir a partes iguales en un viaje al centro de la noche imaginada desde una mente realmente sádica. Paul Hackett es como una marioneta principal sacudida hasta el límite, hasta casi romper los hilos que la atan a la realidad.


Como si de un espejo curvo se tratase, devolviéndote el reflejo de algo diferente y deforme, Martin Scorsese escapa de la visión habitual que suele aportar de Nueva York usando el esperpento, convirtiéndose en un buen alumno de Valle-Inclán. Y como toda pesadilla o sueño donde al final despiertas y estás donde empezaste, esta película también cierra el círculo. Se vuelve al origen y esas bocas o fauces vuelven a aparecer para tragarse a nuestro pobre amigo. Las puertas se abren y engullen las ganas de aventuras o de libertad de cada ciudadano medio que vivía en la sociedad feroz de competencias que era la Nueva York de los ochenta; sociedad donde el triunfo de los yuppies y el fracaso de los homeless plagan gran cantidad de planos en las películas de dicha época. Cíclica como los son las semanas de todo trabajador que huye cada fin de semana pero que cada lunes vuelve a la rutina de un trabajo que monitoriza tu vida hasta la extenuación.

Película totalmente recomendable si quiere pasar un buen rato, nunca aburre y es diferente. 


En países en los que existen restricciones en cuanto a los horarios de cierre de locales donde se puede bailar o expender alcohol (sobre todo en el mundo anglosajón y algunos países de Iberoamérica), se denominan after hours a los locales abiertos después del horario de cierre legalmente establecido.” (WIKIPEDIA)

By moanbe

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Duelo Final (1980, Eric Karson) The Octagon


Muy buenas ochenters, volvemos a coger nuestro Delorean para retroceder hasta el año 1980, inicio de nuestra gloriosa época cinéfila.

En este año, el hecho histórico no fue ni los Juegos Olimpicos de Moscú, ni que Quini fuese pichichi con el Sporting, si no el estreno de esta película de artes marciales que os traigo: THE OCTAGON.

O como la conocimos aquí en España: Duelo Final…

La trama se centra en Scott James (Chuck Norris), campeón marcial retirado, que se ve metido en una trama Ninja, a consecuencia de ver como éstos asesinan a la mujer con la que sale. Para averiguar donde se ocultan, decide pedir ayuda a un mercenario McCarn ( Lee Van Cleef).

La trama es a priori, interesante, ya que nos introduce a esa sociedad secreta, tan admirada como odiada, que son los ninjas, los cuales apenas habían aparecido en el cine occidental. Que me acuerde ahora, me sale mi vena ‘007’ y los encontramos en el film de los sesenta “Sólo se vive dos veces”, con Bond pululando por tierras niponas.

El problema es que los ninjas, la verdad es que aparecer, pues no es que aparezcan mucho, más que hasta pasada la hora de película, no dan señales de vida, más bien de lucha, pero claro, resulta que Scott fue entrenado en las artes místicas ninja y no pueden con él. Y mirad por donde, resulta que estos Ninja son enviados por Seikura (Tadashi Yamashita), el cual es el hermanastro de Scott y que ya que estamos haciendo el mal, pues de paso quiere llevarse por delante a su hermanastro, que ha manchado su honor.



Durante todo el film, tendremos un lastre, esa voz en Off, de Scott, que me da a mí, que Chuck no tuvo que estudiar mucho el guión, porque a lo mejor entre toda la película, hablar, hablar sólo habla unos veinte o treinta minutos y la dichosa vocecita, creedme que llega a resultar cargante.

En cuanto a las peleas, pues la verdad es que la mejor, es la que tiene lugar en el Octógono del título, con Scott luchando contra Kyo, el ninja mudo, que a pesar de querer imitar los sonidos que suelen hacerse en la katas, lo que sale parece una burda imitación de Darth Vader, pero al meollo, las coreografías marciales, ésta en el Octógono, destaca por el uso tanto de la katana como los cuchillos ninja, conocidos si no me equivoco como kalis, por parte de Kyo con suma destreza. Vista hoy, puede parecer una pelea lenta, pero realmente es una pelea muy digna, con un final incendiario incluido.

Por lo que respecta la combate más esperado, es decir el combate final entre Scott y SeyKura, por desgracia, aquí una de dos o se quedaron sin ideas, o sin presupuesto o vete tú a a saber, porque es a parte de breve, una pelea muy insulsa y acaba, con lo que supongo que pensarían sería idóneo, una muerte al amanecer, pero que viendo el resultado final, nos deja completamente indiferentes.

En resumen, floja película de Chuck Norris, con un Tadashi Yamashita desaprovechado, al cuál veríamos poco después en “El Guerrero americano” y un Lee Van Cleef casi testimonial, aunque seguro que ciertas cosas que vió, le vendrían bien para la serie que protagonizaría años después “The Master” con temática ninja.

Mi nota: 5/10



OCHENTESIDADES:
  • Ernie Hudson ( Cazafantasmas) tiene un pequeño papel en el film, como aprendiz de Scott en el gimnasio
  • Mike Norris , hijo en la vida real de Chuck Norris, hace de su padre , en los flashbacks que nos retroceden al entreno ninja de Chuck.
  • La pelea con Kyo ( Richard Norton) está en la décimo-tercera posición entre las veinticinco más votadas del cine marcial.
  • American Cinema Productions, productora del film, entraría en bancarrota, tras producir : “Los Valientes visten de Negro” y “La Fuerza de uno” ambas protagonizadas por Chuck.
JOSE MARÍA MOLANO

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CÓMO SE HIZO


Bajo el fuego (1983, Roger Spottiswoode) Under Fire


La resistencia del pueblo ante una serie de dictadores impopulares fue acrecentándose en Nicaragua durante más de cincuenta años. En la primavera de 1979 los nicaragüenses de todas las esferas sociales se unieron en un último intento para derrocar al presidente Anastasio “Tacho” Somoza.
Conforme fue recrudeciéndose la lucha en Centroamérica, los periodistas del mundo entero se percataron de que este conflicto podía convertirse en un foco de noticias de importancia internacional.”


La olvidada Bajo el fuego (Under Fire, Lion’s Gate para MGM, 1983) es una de esas joyas de estantería de videoclub que ni los canales temáticos reponen pero para las que siempre hay un sitio en CINE DE LOS OCHENTA. Un drama histórico con tintes bélicos y de aventura romántica, que podría encajar en el subgénero de “cine de periodismo”, en concreto de reporteros de guerra. Sus puntos fuertes: El excelente reparto (Encabezado por el trio Nolte-Cassidy-Hackman), un director eficiente (Roger Spottiswoode), buena ambientación, una poderosa banda sonora (del gran Jerry Goldsmith), y un sólido guión, quizás algo efectista y con un punto comercial, que la sitúa en la línea de otros filmes pegados a los acontecimientos de la época como Apocalipse Now, Missing o Salvador.

El reparto

La película contó con tres de las estrellas más rutilantes de principios de los ochenta. El protagonista principal es Nick Nolte, en el zenit de su carrera tras protagonizar el éxito de taquilla límite 48 horas junto con otro actor del momento, Eddie Murphy. Nolte Interpreta al escéptico y descreído fotógrafo Russell Price, que viaja de guerra en guerra, y que evoluciona a lo largo de la película hasta comprometerse en la causa rebelde.

Le secunda el veterano Gene Hackman, ganador de un Óscar por French Conection, y que venía de encarnar al mejor Lex Luthor en Superman. Interpreta a Alex Grazier famoso corresponsal televisivo que está de vuelta de todo.

Cierra el trio la siempre solvente Joanna Cassidy, que entonces tenía 38 años y acababa de ser la replicante Zhora en Blade Runner. Cassidy, caracterizada para atenuar su extraordinaria belleza, es Claire Strayder, una acreditada periodista radiofónica comprometida y bien informada.

Junto a ellos, un elenco de excelentes secundarios: René Enríquez (conocido por la serie Canción triste de Hill Street) que borda el papel del dictador Somoza, el por entonces desconocido Ed Harris, como despiadado mercenario, el actor francés Jean Luis Trintignant, como espía playboy, y Richard Masur como delegado de prensa del gobierno.


La historia

Los tres protagonistas son amigos de siempre y han estado cubriendo guerras en todo el mundo, además Alex (Hackman) y Claire (Cassidy) han sido pareja hasta hace poco y cuando los tres coinciden en Managua, el veterano periodista acaba de recibir una jugosa oferta para ser presentador y se marcha precipitadamente. Este hecho y la prolongación de la guerra, llevan a que Russell (Nolte) y Claire, que siempre se han gustado, se enamoren y juntos traspasen la barrera de la objetividad periodística para tomar partido por los rebeldes, porque la de Nicaragua no es una guerra más; enfrenta a todo un pueblo contra un gobierno corrupto y dictatorial, y ellos tienen claro de qué lado están; lo que les llevará a poner su vida en juego, la de los tres, mientras el resto de corresponsales ven la guerra desde la terraza del hotel. 


El guión y la trama de la película están muy bien perfilados. La cinta es todo un tratado sobre ética periodística. Refleja muy bien el trabajo de los corresponsales de guerra, la fotografía de prensa y el ambiente de los informadores. También sabe captar la esencia del conflicto nicaragüense: Una revolución popular, joven y justa, a la que apoyan todas las fuerzas vivas del país incluida la iglesia católica local. Hace referencia a las principales aristas del conflicto, como la implicación de la CIA y su apoyo a Somoza, el lobby americano en torno al dictador, las dudas del Presidente Jimmy Carter o la simpatía de Occidente por los sandinistas. Además, el clímax de la película está inspirado en el asesinato del periodista de ABC Bill Steward por guardias nacionales somocistas ocurrido el 20 de junio de 1979.

Sin embargo, el guión se permite una indisculpable de licencia narrativa: El “Macguffin” (recurso que hace de hilo conductor) de la película, un supuesto líder opositor carismático llamado “Rafael”, personaje inventado que se inspira vagamente en el Ché Guevara, metido con calzador y que chirría enormemente para los conocedores de la historia, ya que la revolución sandinista fue un movimiento colectivo, sin líder claro, con muchos “comandantes” desperdigados por la selva y coordinados apenas en sus objetivos, algo que, contradictoriamente, sí se refleja en otras partes del film, como también la crudeza de conflicto en la excelente secuencia del campanario, cuando cesa la música y, tras un momento de silencio, los protagonistas pasan el muro y comienzan los disparos (Una de las escenas más logradas del cine bélico contemporáneo, injustamente olvidada, y rodada por cierto, como el resto de exteriores, en la región mexicana de Chiapas, escenario también de posteriores movimientos revolucionarios). Uno de esos momentos cinematográficos capaces de helarte la sangre.

 
También es fiel el retrato del dictador Anastasio Somoza, heredero de una dinastía de tiranos que había gobernado Nicaragua durante casi todo el siglo XX. El actor René Enríquez, con el que guarda incluso parecido físico, realiza una magnífica interpretación del personaje: Histriónico, brutal, y que vive en un mundo de fantasía alejado de la realidad.

Pero sobre todo, si algo refleja la película en todo su esplendor, es el trabajo de los reporteros de guerra, abundando en la idea muy extendida entonces del periodista integro, independiente, comprometido y solvente económicamente. Un concepto que hoy en día ha saltado por los aires con los grandes grupos de comunicación vinculados a intereses económicos globales que han reducido la profesión a una caricatura (El modelo actual es el periodista sumiso, mal pagado y que trabaja al dictado o no trabaja).


El trasfondo

La guerra de Nicaragua se enmarca dentro de los conflictos locales frecuentes en la Guerra Fría (Corea, Vietnam, Afganistán…), en los que de una u otra forma se veían involucradas las dos superpotencias. Surge por hastío y de forma espontánea, sin una adscripción política clara salvo desalojar a la dinastía Somoza del poder, y cuenta con apoyo de todos los sectores sociales, incluida la iglesia, los empresarios o el diario conservador La Prensa de Managua, aunque el aglutinador es el movimiento sandinista, que Washington cataloga entonces como comunista afín a la URSS y no le dará tregua en la era Reagan. Así, ahogado económicamente por el bloqueo norteamericano, y sometido a un estado de guerra civil permanente desde sus dos fronteras por la denominada “Contra”, entrenada y financiada por la CIA, el gobierno sandinista, que nunca tuvo un apoyo soviético efectivo, se agota al final de la década de los ochenta, convoca elecciones libres y cede pacíficamente el poder al ganador, lo que ha permitido a los sandinistas volver a gobernar democráticamente Nicaragua en el siglo XXI.


La banda sonora

A lo largo de la película tiene una gran relevancia la banda sonora original, a cargo de uno de los grandes del Séptimo Arte, Jerry Goldsmith, un compositor de estilo ecléctico, autor de innumerables partituras cinematográficas como El planeta de los simios o Desafío total, y nominado al Óscar en 17 ocasiones aunque sólo lo ganara en 1976 por La profecía. Es precisamente la música de Goldsmith, soportada sobre una melodía de inspiración andina interpretada con flauta de pan (tan potente que Tarantino pidió repescarla para su Django), la que consigue para Bajo el fuego su única nominación ese año para los premios de la Academia (reticentes entonces con todo lo que sonara a acción y aventura). Así, el Oscar a la mejor película fue a parar aquel año al melodrama lacrimógeno La fuerza del cariño, pese a que el gran éxito de taquilla había sido El retorno del Jedi, por el que John Williams, tampoco se llevó el Óscar a la mejor banda sonora que fue a otra soberbia partitura, la de Bill Conti por Elegidos para la Gloria.


Balance

Pese a que en el momento de su estreno tuvo un relativo impacto, Bajo el fuego es hoy una película olvidada. Las televisiones no la reponen, no es fácil de encontrar en pequeño formato y las generaciones jóvenes ni siquiera han oído hablar de ella. Pese a ello, refleja un momento histórico recordado por los que lo vivimos y contiene momentos de extraordinaria fuerza cinematográfica.

Una película a medio camino entre el cine comercial de entretenimiento y el de denuncia política, soportada magníficamente por los protagonistas, con sus dilemas éticos periodísticos y su triángulo amoroso en el escenario de los conflictos civiles centroamericanos de principios de los ochenta.

VICTOR SANCHEZ GONZALEZ

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