Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Curso 1984 (1982, Mark L. Lester) Class of 1984


La vida... es dolor. El dolor... lo es todo. Tú... tú lo aprenderás... (Peter Stegman)

 Andrew Norris es el nuevo profesor de música del Lincoln High School. Allí conoce a Peter Stegman y su banda de punkis, un grupo muy conflictivo que hace la vida imposible a profesores y alumnos. Pero lo que cree sólo un problema con unos chicos problemáticos dará lugar a un brutal baño de sangre.

Ambientada en un futuro próximo y presentada  (inciertamente)  como basada en hechos reales , Curso 1984, es una incursión en el terreno de los institutos que torna en una de esas películas de venganza tan características de los ochenta. Como pionera de una senda que seguirían El rector (1987) o El sustituto (1996) nos presenta una historia que hoy día consideramos trillada, pero que en su año de estreno fue tan novedosa por su contenido como revolucionaria por sus altas dosis de violencia (en Francia fue prohibida su exhibición a menores de 18 años). ¿Apostamos a que en breve se repite un Blockbuster de temática calcada? La historia se resume en: profesor nuevo llega a un instituto que más bien parece una selva plagada de salvajes y se impone a base de hostias para lidiar con tan angelicales jovencitos. Los angelicales jovencitos, en este caso, pululan como Pedro por su casa en medio de extorsiones, tráfico de drogas y  prostitución, entre otras lindezas, además, están liderados por un psicópata con todas las letras. Peter Stegman, el jefe de la manada, es un perturbado manipulador con dotes de genio que no se detendrá hasta conseguir lo que quiere a través de cualquier medio. Y no es que resultase una novedad ver a un grupo de chavales cometer todo tipo de atrocidades (¿recordáis La naranja mecánica?), pero seguro que para lo que no estuvo preparada mucha gente fue para ver a un profesor transformado en una especie de Charles Bronson vengador que no duda en matar por diversos métodos (a cada cual más sanguinario) a varios de sus alumnos. Aunque claro, sabiendo que su director es el Mark Lester que varios años después dirigió una joya del desfase donde nuestro amigo Arni se cepillaba hasta el apuntador (Comando, 1985), seguro que el exceso de violencia no nos pilla por sorpresa.



Escrita por Tom Holland (director de Noche de miedo y Muñeco diabólico), cuenta con un jovencísimo Michale J. Fox en un papel secundario de alumno pardillo y un siempre fantástico Roddy McDowall (que encarnaría al maravilloso Peter Vincet en Noche de miedo, dirigida por Holland) como profesor y amigo de Andrew Norris. McDowall ofrece una de las secuencias más impactantes en la que,  completamente desquiciado,  da una clase ¡a punta de pistola! Timothy Van Patten, encarnando a Peter Stegan, nos ofrece una actuación tan exacerbada como llena de fuerza, y pese a no triunfar en su carrera como actor ha dirigido episodios de series muy exitosas como The Wire, Los Soprano, o Juego de Tronos. Si bien toda la película es excesiva, no se equivocó en señalar la existencia de detectores de metales en la entrada de algunos institutos de Estados Unidos; hecho que debió ser tomado a cachondeo en la época, pero ya veis hoy día.




Algunas escenas son francamente reivindicables. Me parece muy bonita, al tiempo que ofrece gran contraste con la tónica general del metraje, aquella en la que Stegan irrumpe en la clase de Norris y toca una preciosa melodía de piano, acentuando esa dualidad de genio perturbado capaz de lo más bello o de las acciones más horrendas. ¡Y esta sublime pieza de piano fue compuesta e interpretada por el propio Timothy Van Patten! Otras escenas inolvidables son en las que se muestra el laboratorio de Terry Corrigan (Roddy McDowall) destrozado con los animales despellejados y la ya nombrada represalia de este (una clase pistonuda). Aquella en la que Stegman se autolesiona y le echa la culpa al profesor Norris. O la del estudiante totalmente ciego de cocaína subido en lo alto del mástil del que cuelga la bandera de los Estados Unidos. El final, con un Andrew Norris completamente ido después de enterarse de que han violado a su mujer, es bestial. Norris no duda en liquidar uno a uno, en el propio instituto y durante un concierto de música clásica que debería dirigir él, a todos y cada uno de los maleantes de la manera más grotesca: aplastamiento, incendio, sierra eléctrica o un ahorcamiento muy sinfónico.

La banda sonora cuenta con temas de Alice Cooper y Fear, entre otras canciones que potencian la estética punk de la película. En 1990 el propio Lester dirigió una secuela ambientada en el futuro titulada Curso 1999.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




Ficha técnica y artística


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ESCENAS







Una pandilla alucinante (1987, Fred Dekker) The Monster Squad

 Cien años antes de que esta historia comenzara ...Era una época de tinieblas en Transilvania ...
Una época en la que el doctor Abraham Van Helsing ...Y un pequeño grupo de luchadores por la libertad ...Conspiraban para librar al mundo de vampiros y monstruos ... Y para salvar a la humanidad de las fuerzas del mal eterno ...

Pero fracasaron

En la actualidad, a punto de cumplirse cien años de librar esa batalla, sucesos extraños acontecen , pero sólo una pandilla de niños será consciente de su verdadero significado ...

 
 
 




Anunciada con el suculento eslogan: “Sabes a quien llamar cuando hay fantasmas. ¿Pero a quién llamas cuando hay monstruos?”, en clara referencia a Los cazafantasmas (1984), Una pandilla alucinante siempre ha sido considerada como un trasunto de Los Goonies tamizado por el fantástico. Contrariando a la opinión general, no creo que Una pandilla alucinante consista en tal descarado intento. Vale que los paralelismos son evidentes, pero, en primer lugar, según sus propias palabras, Fred Dekker (El terror llama a su puerta y creador de la historia de House: una casa alucinante) ni siquiera había visto Los Goonies (cosa que hizo posteriormente, aunque curiosamente, Mary Ellen Trainor, ¡repite rol como madre de los protagonistas!). En segundo lugar, sus  influencias a la hora de encarar la historia que nos ocupa fueron otras. Evidentemente, los monstruos de la Universal no pasan desapercibidos para cualquier conocedor del cine de terror más clásico, pero las mayores influencias para crear la historia de Una pandilla alucinante fue la película Abbott y Costello contra los fantasmas (Abbott y Costello meet Frankenstein, 1948) y los cortos de La Pandilla (Little Rascals). Estos cortos comenzaron a emitirse en 1922 y narraban las aventuras de un grupo de niños de clase baja (en España se emitieron en el programa La bola de cristal). De hecho, la idea de Dekker fue algo como "Little Rascals conocen a los monstruos de la Universal". Y parece ser que no, que aunque comparta título , Una pandilla alucinante no tiene nada que ver con la serie de televisión homónima emitida en los setenta, y eso pese a que en la serie los protagonistas sean Drácula, El hombre lobo y el monstruo de Frankenstein ...

 El equipo que trabajó con Dekker define su actitud ante la película como la de "un niño entusiasmado". Dirigió la película teniendo en mente lo que les gustaba a los niños y no le tembló el pulso a la hora de introducir en el guión que escribió junto con Shane Black (Arma Letal, El último Boy Scoutt) una serie de elementos totalmente discordantes con lo que el canón establecía para un producto dirigido a esa edad. ¿Os imagináis a Los Goonies hablando de "maricas" o chicas vírgenes? ¿Y soltando tacos o, incluso, fumando? Seguro que no. Pero Dekker pagó demasiado cara su osadía. Su visión más acorde con la realidad y por ello menos edulcorada (los niños son niños, no gilipollas) provocó que la película se dirigiese a una audiencia de mayores de trece años (tampoco ayudó mucho el hombre lobo desmembrado). El descalabro fue total; con un presupuesto de doce millones de dólares no llegó a los cuatro de recaudación y fue una gran losa en la corta carrera de Dekker, quien se sumió en una gran depresión. El director Perter Hyams (Capricornio uno, Odisea dos, Atmósfera cero, Timecop) fue uno de los productores, pero después del batacazo comercial  se alejó definitivamente de la producción para centrase en la dirección.  Claro está, poco a poco, la película fue siendo reivindicada por más y más gente hasta convertirse, pese a quien le pese, en objeto de culto. A pesar de los malos resultados fue nominada en varias categorías en los Saturn Awards, Fred Dekker ganó el Silver Raven en el Festival Internacional de Fantasía de Bruselas, y la pandilla al completo se hizo con el premio de “Outstanding Young Actors/Actresses Ensemble in Television or Motion Picture” en el Young Artist Awards de 1988. Un poco a destiempo, en 2008, la reedición en DVD ganó otro Saturn al mejor lanzamiento de película clásica en DVD.




Parece ser que Shane Black tenía una imaginación desbordante y que muchas de sus ideas quedaron fuera a causa del presupuesto. Por ejemplo, Black propuso un inicio espectacular en el que Van Helsing volaba en un zepelín y disparaba contra cuarenta vampiros a caballo en el ataque al castillo de Drácula. También la falta de presupuesto dio lugar a varias anécdotas. Una es que sólo contaban con veintitrés máscaras del monstruo de Frankenstein para veinticuatro días en los que el actor Tom Noonam rodaba sus escenas. El último día el actor tuvo que irse a casa con la máscara puesta para poder terminar la última escena al día siguiente. El problema fue que al quitársela se le quedó pegada produciéndole varias heridas en la cara. Otra anécdota fue que Tom Woodruff Jr. (curiosamente el creador de la máscara del monstruo de Frankenstein) pasó cerca de trece horas dentro del traje de La Criatura del Pantano sin poder comer, beber o hacer sus necesidades corporales... Por si fuera poco, debido a la falta de visibilidad dentro del traje, Wooddruff le propinó un golpe a un actor que interpretaba a un policía y se le clavó la hebilla de su sombrero en la frente, provocando una escena digna de terror, este sí,  adulto (sendos chorros de sangre brotaban de su frente cual surtidor)

La Universal les negó los derechos para trasladar sus monstruos a la película, así que el maestro del maquillaje y efectos especiales, y creador de los monstruos de Una pandilla alucinante, Stan Winston, (Terminator 2, Eduardo manostijeras, Depredador) tuvo que ingeniárselas para modificarlos de manera que, sin perder su esencia, no fuesen una copia. Eso explica el color macilento del monstruo de Frankenstein a expensas del verde o que al resucitarle le pongan los electrodos en la frente y no en el cuello. De todos modos, la caracterización de los monstruos es de gran calidad.  Los efectos visuales son supervisados por el ganador de dos Oscars (entre muchos otros galardones) Richard Edlund. La escena, en el apartado visual, que más destacaría sería la creación de la huracanada puerta hacia el limbo.

 Bruce Broughton (nominado al Oscar por Silverado, ganador de casi una decena de Emmis, varios ASCAOP y un Saturn por El secreto de la pirámide) compuso una música en la que logró plasmar una atmósfera muy disfrutable que recuerda al terror más clásico y que destila varios momentos francamente épicos.  La banda sonora cuenta con dos canciones: Rock Until You Drop, escrita e interpretada por Michael Sembello (Maniac, de Flashdance), y The Monster Squad, que acompaña los títulos de crédito y según fuentes consultadas es interpretada por The Monster Squad (¿?) y que también compuso Sembello, un rap con poca chispa que desentona con la energía ochentera de Rock Until you Drop. 

 



La película se centra en un grupo de chavales que forma una pandilla: La pandilla del monstruo. Grandes seguidores del género de terror en todas sus variantes que se reúnen en una casa árbol en cuyas paredes cuelgan los dibujos de los más horripilantes seres y mantienen discusiones tan interesantes como la posibilidad de que el hombre lobo tenga pelotas (hecho que no tardarán en demostrar en el terreno empírico). A Sean, el líder, su madre le regala el diario del mítico doctor Van Helsing, y el mismo día, recibe el recado de que un tal Alucard está interesado en su compra. Sean cree que Alucard es nada menos que el nombre de Drácula escrito al revés. Además, se entera por varias llamadas a su padre (que es policía) de diversos sucesos muy extraños que le hacen sospechar en la realidad de los monstruos: una momia ha desaparecido del museo y un hombre que afirmaba ser un hombre lobo desaparece después de su supuesta muerte dejando tras de sí el cadáver del conductor de la ambulancia. 

La pandilla del monstruo comienza a tomarse en serio las historias de Sean y llevan el diario de Van Helsing (escrito en alemán) a un vecino que conocen como "El ogro alemán”. El ogro no pinta tan fiero (de hecho fue una víctima del holocausto nazi, por eso conoce tan bien a los monstruos) y les traduce el diario relatándoles una parte de especial interés. Resulta que las fuerzas del bien y del mal están en equilibrio, pero cada cien años, un talismán que ahuyenta el mal es vulnerable y si se destruye las fuerzas maléficas dominarán el mundo. Para evitar esto hay que realizar una ceremonia con una virgen recitando un texto (que, por supuesto contiene el diario), de ese modo se abrirá un agujero que absorberá a las fuerzas maléficas para encerrarlas en el limbo. La repanocha es que al día siguiente se cumplirán esos cien años. ¡Así que imaginaos qué embrollo!

 
 





La sospecha de nuestras entrañables criaturas no es baladí. Drácula reúne a La momia, El hombre lobo, La criatura del lago y el monstruo de Frankenstein con objeto de recuperar el talismán y destruirlo.  Y para evitar que la pandilla esté en posesión del diario envía al monstruo de Frankenstein (Frank, a partir de ahora) a apoderarse de él y de paso a sembrar el campo con sus tiernos cadáveres. Pero Frank es un buen tipo y pronto se hace amigo de Phoebe- en una escena clavada, en homenaje, claro está, a El doctor Frankenstein (1931) -, y, por consiguiente, la pandilla tendrá un monstruo de honor en su club (y eso que algunos críos pueden ser jodidamente monstruosos). En este punto, los chascarrillos en torno a Frank son diversos, no sólo aprende a hablar (¡de coña!), sino que tendrá predilección por la foto de una núbil fémina semi desnuda…

Las cartas están sobre la mesa. La lucha definitiva entre el bien y el mal es inminente

 




Los actores protagonistas no son caras conocidas en el mundo del cine, pero se nota que disfrutaron rodando la película y le dan ese entusiasmo infantil tan evidente como necesario. Resulta muy fácil identificarse con estos pillos. Mal hablados, un poco gamberros,  un despistado, un gordito que es la burla de sus compañeros (aunque se resarcirá con creces escopeta en mano), una niña dulce y entrañable… Si tuviese que elegir uno me quedaría sin duda con Rudi. Éste, sin embargo,  no es un niño, ya que estudia en el instituto y les saca unos cuantos años. Pero ese rollo macarra que se gasta mola un huevo. Gafas de sol, chupa de cuero y cigarro en boca cual John McClane despliega su chulería a base de alguna frase lapidaria tan característica de nuestros tíos duros favoritos: “¿Soy de la maldita pandilla, o no?” espeta antes de abatir a dos vampiresas a punta de flecha y estaca (por cierto, ¿la tercera se volatilizó?). El papel de los adultos sirve meramente de comparsa. Aunque el padre de Sean tiene algo más de protagonismo al ser policía y verse involucrado en los sucesos, la madre pasa completamente desapercibida y en ningún momento se profundiza en el conflicto matrimonial que se señala al principio de la película. El ogro alemán es el único adulto, junto a Frank, que ayudará a la pandilla, pero los verdaderos protagonistas, ya lo sabemos todos, son los niños.

En cuanto a los monstruos, el que más me gusta es el papel de Duncan Regehr en la piel de Drácula. Además de que su coche es bestial nos regala una muy buena interpretación de cabroncete acentuada, si cabe, aún más, por la bonita frase la que le suelta a Phoebe: “Dame el amuleto, puta (bitch)”. Aunque el doblaje español cambió tan antigua palabra por otra más sosaina como es maldita. Los compañeros de andanzas de Drácula son tratados de forma desigual. Si bien ya sabemos que Frank pasa a formar parte de la pandilla, al hombre lobo le dan un carácter atormentado porque sabe que cuando se transforma pierde el control. De ahí que en comisaría pide que lo encierren antes de que sufra la licantrópica transformación. Éste es sólo un juguete en manos de Drácula, que se aprovecha de su maldición. Las otras dos criaturas, La momia, y La criatura del pantano, tienen menos peso y sus papeles son casi anecdóticos. Curiosamente son los dos monstruos que se presentan a Eugene (la simpática escena del armario y en el lago) antes de que sus compañeros los vean.




Una de las cosas que más me fastidian al leer comentarios acerca de Una pandilla alucinante es la cantidad de errores y sinsentidos que se le atribuyen. Vale, cierto que los hay. Si buscáis un poco por Internet hallaréis listas enteras de fallos de continuidad, agujeros en el guión y etcétera. No hace falta ser Einstein para ver que hay momentos que no cuadran. ¿Por qué cuando Van Helsing ataca el castillo de Drácula ve el talismán según abre la puerta? ¿Es tan importante y lo dejan como regalo de bienvenida? ¿Por qué no sabemos cómo consigue Drácula el teléfono de Sean? ¿O cómo es que el hombre lobo llama a su padre a la comisaría? ¿Había estado Drácula en casa de Sean? Eso parece según se dirige al lugar. ¿Cómo es que los monstruos no encuentran el talismán escondido en su propia casa y la pandilla sí lo hace en menos de lo que canta un gallo? ¿Por qué si el conjuro del talismán es para terminar con las fuerzas del mal engulle hasta los bancos del parque? Seguid vosotros, si queréis, poniendo pegas y abriendo interrogantes. Además, la película dura relativamente poco (78 minutos), lo que propicia que los acontecimientos se desencadenen demasiado rápido. Este aspecto fue una imposición externa y se cortaron sobre trece minutos del metraje inicial. Pero lo que yo valoro sobre todas las cosas, es la magia que desprende esta película. Ese inicio en el que los muertos se levantan de sus tumbas, el cónclave de monstruos o el ataque a la guarida y la batalla final con un Horace pletórico arma en mano reivindicando su identidad (“Eh, Cebao, buen trabajo/ ¡Me llamo Horace!”); magia, pura magia. Una magia que nos traslada al frente de un reproductor de VHS en la época de los cromos y la Nes. Una magia que sigue incólume y que ya quisiesen muchas películas “perfectas”, plagadas de efectos digitales, y actores que parecen maniquís, para sí. 

 Para terminar, decir que se ha barajado un remake a cargo de Rob Cohen (XXX, A todo gas), del que lógicamente Dekker reniega, pero de momento el tema, nunca mejor dicho, está en el limbo. De lo que sí habló Dekker fue en que llegó a plantearse (no ahora, sino cuando terminó de rodar La Pandilla) una secuela en la que el padre de Eugene sería un piloto de combate y llevaría por título The Monster Squad vs Godzilla (¡mi madre!)

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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ESCENAS ELIMINADAS



PELÍCULA COMPLETA EN ESPAÑOL














El ojo de la aguja (1981,Richard Marquand) Eye of the Needle


Dirigida por un Richard Marquand, de seguro más conocido por su labor tras las cámaras en "El retorno del Jedi", y basada en la novela de Ken Follet "Eye of the needle", "El ojo de la aguja" supone una curiosa mezcla de espionaje y thriller de corte clásico que huye del efectismo con una estética sobria y una puesta en escena elegante que recuerda a películas como "El hombre de McKintosh" de John Huston.

En el contexto de la II Guerra Mundial Kiefer Sutherland interpreta a Henry Faber, un espía alemán sin escrúpulos conocido como "La Aguja" que tras naufragar en La isla de las tormentas (Escocia) será acogido por una familia inglesa; David y Lucy -un matrimonio roto por un accidente que cuatro años antes dejaría a David postrado en una silla de ruedas- y el hijo de estos. David paga la frustración que le produce su invalidez con Lucy, quien no tardará en encontrar consuelo en el recién llegado ignorando por completo su condición de espía alemán.

Es a partir de este momento cuando lo que parece una película de espionaje al uso torna en un thriller al centrarse en las consecuencias de la irrupción de "La Aguja" en las vidas de esta familia. Y si bien el resultado es más que interesante, lográndose momentos de gran tensión y ameritando un buen puñado de escenas, la película no aprovecha todo lo que podia dar de si al desencadenar apresuradamente ciertas situaciones- la historia de amor entre Henry y Lucy o el enfrentamiento de David y Henry- que de haberlas contenido e hilvanado mejor la hubieran dotado de una mayor cohesión en cuanto a estructura interna. Por otra parte, da la impresión de que queda en tierra de nadie al no lograr el equilibrio que pretende entre thriller y película de espionaje, consiguiendo en su tramo final, sin embargo, con ese encierro y acoso que recuerda a "Perros de paja" de Sam Peckinpah y la persecución que culmina de forma trágica, dotar de más fuerza al conjunto de una obra que, si bien es una buena película, da la impresión de haberse desaprovechado en ciertos momentos.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Ficha técnica y artística

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Aullidos (1981, Joe Dante) The Howling


Karen White es una reportera que investiga los crímenes del asesino en serie Eddie Quist, quien ha dejado tras de sí un gran número de chicas horriblemente mutiladas. Cuando Karen finalmente encuentra a Eddie y lo confronta, lo ve transformarse en un hombre-lobo justo antes de caer abatido por los disparos de la policía. Su experiencia le hace sufrir un colapso nervioso que la obliga a internarse en la colonia experimental del doctor George Waggner, un lugar habitado por un grupo de extraños personajes.(http://horasdeoscuridad.blogspot.com.es/2006/07/resea-100-el-aullido-1981.html)


La represión es el padre de la neurosis, del odio hacia uno mismo. La tensión surge cuando luchamos contra nuestro impulsos. Todos hemos oído hablar alguna vez del magnetismo animal, del noble natural, del hombre salvaje, como si hubiésemos perdido algo valioso en nuestra larga evolución hacia los seres civilizados. Y eso tiene una explicación. El hombre es una combinación... de lo sofisticado y lo primitivo. Nunca deberíamos engañarnos ignorando a la bestia, un animal entre nosotros.


Corre el año 1981 cuando un desconocido Joe Dante – Hollywood Boulebard (1976, junto a Allan Arkush) y Piraña (1978) –, oriundo de la factoría Corman, dirige de carambola lo que con el paso del tiempo se convertiría en una película de culto y a la postre una de las más importantes de un director que al igual que John Carpenter o David Croeneberg – figuras claves en los ochenta – lograría aportar una visión genuina aunque, al contrario de sus colegas, sin renunciar a la comercialidad. En efecto, fue un golpe azaroso del destino el que lanzó por la borda a Jack Conrad (director original y guionista del germen de Aullidos que terminó por figurar como productor) y concedió a Dante (quien iba a dirigir a su vez Tiburón 3) un proyecto que le brindaría una futura oportunidad de oro: Spielberg le envió el guión de Gremlins porque le entusiasmó Aullidos.

El guión, recordemos escrito por Jack Conrad, estaba basado en una novela de Gary Brandner, pero a Dante no le gustó y logró que la productora Avco Embassy (La niebla, Scanners, Escape de Nueva York) contratase a John Sayles (guionista de Piraña) para reescribirlo - fue el propio Sayles el que aportó la idea de la colonia , no concebida en la novela de Brandner -. En la historia resulta alargada la sombra de Curt Siodmak (El hombre lobo, 1941), quien sentó las bases de las películas de hombres lobo con sus guiones,  y cuyas máximas respecto a las vicisitudes de los licántropos son tomadas a rajatabla en Aullidos (luna llena, balas de plata, maldición del hombre lobo ...) . Además, el aspecto de los hombres lobo está basado en dibujos de archivo histórico y grabados antiguos. Paradójicamente, ese clasicismo nuclear es roto por una revisión  moderna que dota a la película de un aura de culto que la diferencia de obras de temática similar. Y esta revisión y actualización del mito no se da sólo en el terreno del contenido, sino también en su forma. Aullidos, junto con la sobresaliente Un hombre lobo americano en Londres (1981, John Landis)- aunque también habría que nombrar Lobos humanos (1981) o En compañía de lobos - , son al cine de hombres lobo lo que Jóvenes ocultos, El ansia, Noche de miedo o Los viajeros de la noche al de vampiros: películas que revitalizan y transgreden un género que se daba por muerto en los setenta.


Lo primero que sorprende al encarar la película es que bien parece que podría tratarse de un psycho – thriller. El propio Dante confirma esta teoría y explica que el cartel evoca a uno de esos slashers que tanto demandaba la juventud por entonces. Esa ausencia de hombres lobo en el poster promocional puede deberse a la voluntad de captar al mayor público posible, pero también a la intención de sorprender al espectador con una película ajena a lo que en un principio parece ofrecer con ese inicio totalmente policíaco. Y si bien la reinterpretación freudiana del mito del licántropo, aquí metáfora de la represión sexual y del lado más oscuro y violento del ser humano: nuestro lado animal,  no sería tan novedosa - bien podría , aunque de manera velada, permanecer latente en la película de Waggner o en la novela El doctor Jekyll y Mr Hyde de Stevenson, por ejemplo – si lo es el entramado de la colonia y los gurús de autoayuda, con ese colofón final que nos desvela la verdadera identidad de esos supuestos enfermos psíquicos que no son más que hombres lobo a terapia para no contravenir las normas sociales. 



 Otro apartado en el que Aullidos rompió moldes fue en el de los efectos especiales. Un dato muy curioso fue que , en principio, ofrecieron el puesto a Rick Baker, pero este lo rechazó por estar comprometido con Landis para el rodaje de Un hombre lobo americano en Londres (1981). Fue Baker el que sugirió a Rob Bottin, alumno suyo, e incluso lo orientó para los efectos de una transformación totalmente revolucionaria para la época que el propio Baker superaría meses después en Un hombre lobo americano en Londres (obtendría un Oscar por su trabajo). Sin embargo, el primer corte de Aullidos adolecía de unos efectos especiales decentes debido al escaso presupuesto y fue después del primer pase a los productores cuando Dante los convenció para aportar más dinero y fortalecer el trabajo de Bottin impulsando así una película que de otro modo quedaba coja, pero en la que, de todos modos, se nota la falta de presupuesto. 



Tanto exteriores, transcurren en el condado de Mendocino, como la ambientación son muy acertados, y se nota la influencia del trabajo de Bob Burns (La matanza de Texas) en el diseño de producción. El director de fotografía es John Hora, con quien Dante repetiría en Gremlins, Exploradores y Matiné. La música corre a cargo de Pino Donaggio, un habitual colaborador de Brian de Palma. En cuanto al reparto, la verdadera protagonista es Dee Wallace, quien se dejó la piel en el papel de Karen White. Wallace se involucró tanto con su personaje que realmente llegó a sentirse aterrorizada durante el rodaje, sensación que transmite al espectador. Pero el papel de Wallace en Aullidos no se limitó a la interpretación. No sólo logró un casting para Christopher Stone (por entonces su prometido en la vida real) , quien finalmente fue contratado para interpretar al marido de Karen sin que se supiese su verdadera relación, sino que mediante exigencias contractuales logró que se eliminaran escenas de desnudos y suavizó su transformación en una mujer lobo con aspecto dulce y vulnerable (cuando originalmente se iba a tranformar en una mujer lobo aterradora). Por si fuera poco nos ofreció uno de los gritos más desgarradores escuchados en una película, ¡y de su propia voz!. Otro actor a destaca es Robert Picardo en la piel del paria Eddie Quist. Picardo ofrece una interpretación perturbadora y sufre estoicamente las inclemencias de sesiones interminables de maquillaje e incómodos experimentos en su propia piel para lograr su mítica transformación. La malograda Elisabeth Brooks también destaca con su personaje de la voluptuosa Marsha Quist, una femme fatal muy lobuna. 




En Aullidos se entrevee ese particular y único estilo que marcaría las producciones posteriores de Dante: uso continuado del metalenguaje - la inclusión de fragmentos de El hombre lobo (1941, George Waggner) o que muchos personajes tengan nombres de directores de películas de terror (Freddi Francis, George Waggner, Lew Landers, Erle Kenton) - ; toques de humor; actores fetiche que repetirían una y otra vez en sus películas: Dick Miller, Susan Arnold, Robert Pìcardo, Kevin McCarthy; y un método de trabajo rápido y eficaz que no rehuye la improvisación, fruto de su época con Roger Corman en la que había que ahorrar a toda costa.  Pero Aullidos quizás sea su única película de terror puro y ,en vista de los resultados y su tan lograda,  al tiempo que onírica ,atmósfera, así como de esos coletazos sangrientos y alguna que otra escena antológica, uno echa de menos su alejamiento de lo truculento en pos del, aunque muy disfrutable en su mayoría, género fantástico familiar (con algún susto que otro de por medio) que cultivó en el resto de su filmografía.
Para el recuerdo quedan las escenas del primer encuentro de Karen y Eddie en el sex shop, la transformación, la sorpresa que se esconde tras la colonia, o ese mítico final que no da tregua al espectador.




Comercialmente resultó todo un éxito. Con apenas un millón y medio de presupuesto recaudó 18; éxito que dio lugar a casi una decena de, a cada cual más infame, secuelas de las que hoy no voy a hablar.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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ESCENA DE TRANSFORMACIÓN

FINAL

ENTRADAS RELACIONADAS

El regreso de los muertos vivientes (1985, Dan O' Bannon) The return of the living dead

 Todos los hechos que refleja esta película son ciertos, así como los nombres de personas y organizaciones.

Freddy comienza a trabajar en un almacén de suministros médicos. Frank, un empleado, le cuenta una extraña historia acerca de unos contenedores depositados en el almacén: los zombis de la película "La noche de los muertos vivientes" (1968, George A. Romero) eran reales y se encuentran dentro de los contenedores que han llegado allí  procedentes del ejército debido a un error; la película no sería más que una historia basada en hechos reales en la que Romero tuvo que obviar algunos detalles. Cuando Frank se los enseña a Freddy un gas se escapa desencadenando una serie de catastróficos sucesos que desembocan en una plaga zombi.

El regreso de los muertos vivientes en un claro homenaje a La noche de los muertos vivientes, en la que se basa, no ya como influencia, sino como punto central y origen de su trama revirtiendo el puro terror de la de Romero en una película en la que abunda el humor, pero sin rehuir los toques terroríficos. Y, ¡ojo!, estamos ante un homenaje, las descabelladas situaciones que acontecen son de cosecha propia, no burdos intentos de ridiculizar una película ante la que se muestra un respeto total, yo diría casi reverencia; es más, casi se puede considerar El regreso de los muertos vivientes como la particular segunda parte de la saga de Romero si hubiese sido rodada por O' Bannon. Pero, ¿es tan particular esta visión de O'Bannon? La respuesta es doble: sí y no. No, porque resulta, y poca gente lo sabe, que en 1977 se publicó un libro titulado El regreso de los muertos vivientes (John Russo) que continuaba la historia diez años después del final de la película de Romero. Además, el propio Russo, junto con Rudy Ricci y Russell Streiner, llegó a escribir el guión para lo que sería la segunda parte de la trilogía de Romero. Sea como fuere, las aguas no llegaron a buen puerto y Romero continuó su periplo escribiendo el guión de lo que sería El amanecer de los muertos (1978) . El mismo Russo es el autor de la novela La noche de los muertos vivientes y el coautor del guión junto con Romero (además actuó con un pequeño papel, como zombi, claro está, y como periodista). Y, sí, continuando con la segunda parte de la respuesta, la visión de O' Bannon en la película que nos ocupa es particular porque él mismo reescribió el guión alejándose totalmente de la idea original.



 Dan O' Bannon- amigo y compañero de Carpenter en la universidad- , debuta como director (aunque ya había dirigido el corto Blood Bath en 1969) con El regreso de los muertos vivientes, y pese a haber dirigido sólo dos películas - ésta y The resurrected (1991) - pasó (literalmente porque ya murió) a la historia por el texto original y guión de Alien (para más información sobre O Bannon consultar link al final del comentario). Pese a su bisoñez tras las cámaras nos ofrece una película trepidante en la que la hora y media de duración se queda muy corta al precipitarse las situaciones de tal modo que al espectador le falta tiempo para digerirlas. Vamos, ¡que dura un suspiro! A esto no sólo ayuda la ya comentada mezcla de humor y terror, sino el hábil enlace de subtramas. Por un lado vivimos el periplo de Frank (James Karen), Freddy (Thom Mathews), Burt (Clu Gulager) y Ernie (Don Calfa); por otro el de la pandilla de punkis en el cementerio Resurrección(ja y já); todos ellos terminarán unidos frente al ataque los muertos. Pero no hay que olvidar las escenas del coronel encargado del rastreo de los contenedores; punto clave que nos sorprenderá en un final tan  abrupto como exento de concesiones. Luego, claro está, nos hallamos ante una película irreverente, genuinamente lúdica y con un aire (vendaval diría yo) de serie B que tira para atrás. ¡Un cachondeo!
 
 
  Una novedad que El regreso de los muertos vivientes presenta con respecto a otras películas de su misma temática (hasta ese momento, vamos) es el tratamiento que da al comportamiento e los zombis. Para empezar a estos no basta con dañarles el cerebro para que mueran, de hecho, sólo es la cremación (con sus catastróficas consecuencias ) la única solución para eliminarlos. De otro modo cualquier parte de su cuerpo (previo desmembramiento) continuará vivito y coleando. Otra diferencia respecto a zombis precedentes que salivaban ante cualquier trocito de carne humana es que los de O Bannon tienen un apetito exclusivo por los cerebros vivos (han salido sibaritas los "jodíos"). Esto tiene su explicación en que los cerebros calman el dolor que sienten al estar muertos. Más novedades son cierta capacidad de habla, de correr, e incluso inteligencia suficiente como para coordinarse y tender emboscadas.¡ Estos zombis no tienen ni un pelo de tontos! Pero no se queda ahí la cosa, no sólo serán las personas muertas las que se levantarán de sus tumbas, sino que medio perro (sí, habéis leído bien) o una colección de mariposas tratarán de escapar del almacén de suministros médicos. Y si los precedentes son que la causa del despertar de los muertos no afecta a los vivos, asistiremos a un nuevo quebrantamiento de reglas al transformar a Frank y a Freddy en auténticos adictos a los cerebros.
 ¿Qué otras cosas me gustan de la película? Pues unas actuaciones cachondísimas, destacando a Frank ,Freddy, Burt y a Ernie el embalsamador, sin duda un personaje entrañable; y qué decir de la pandilla de punkies con Trash (Linnea Quigley) como fémina absolutamente desmadrada con una escena de destape, tan antológica como gratuita, en pleno cementerio, o la tétrica confesión a Spider (Miguel Nuñez) que terminará por hacerse realidad. Y si cachondas son las actuaciones tampoco se quedan cortos unos diálogos desternillantes que juegan con el absurdo. También destacaría algunas escenas como la aparición del zombie Tarman y su declaración de intenciones: "¡Cerebros, cerebros vivos!"; el despertar de los muertos en el cementerio; o la entrevista con la medio fémina zombi (sí, otra media parte, ésta de cintura para arriba). El maquillaje está muy logrado, no en vano fue nominado en los Saturn Awards, y la banda sonora plagada de canciones macarras de The Cramps, 45 Grave, The Flesh Eaters o The Dammned entre otros grupos. El tema principal de la película, de Matt Cliford, va como anillo al dedo, con un toque tétrico sin dejar de ser pegadizo e incluso divertido.




 Son ya cinco las películas de la saga iniciada con El regreso de los muertos vivientes (ninguna otra con Bannon), su secuela The return of the living dead II (1988), o como se conoce en España, La divertida noche de los muertos vivientes, se centra más en el humor e incluso repiten James Karen y Thomas Mathews en distintos papeles. Quizás algún día comente esta segunda parte, de las demás nos olvidamos al caer fuera del terreno ochentero; aunque creo que la tercera parte dirigida por Brian Yuzna es interesante.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


Ficha técnica y artística

Dan O' Bannon

TRAILER