Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Footloose (1984, Herbert Ross) Footloose


Y fue el rey David, sobre el que leemos en el libro de Samuel : ¿y qué hizo David? David bailó delante del señor con todas sus fuerzas, saltando y bailando delante del señor. ¡Saltando y bailando!


Y el Eclesiastés nos asegura que todo cuanto se hace bajo el sol tiene su tiempo: tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y también tiempo de danzar.



Tras unos créditos iniciales en los que vemos unos pinreles bailando al ritmo de la marchosa canción que da nombre a la película (Footloose , Kenny Loggins, la cual se repetirá varias veces durante el largometraje) viajamos a un remoto pueblo de la américa profunda para escuchar un sermón del reverendo Shaw Moore (el polifacético John Lithgow) en el que se condena al infierno a la literatura obscena, a la música rock... y al baile, una actividad que , de hecho, está legalmente prohibida. Un cambio de registro que nos sintetiza de forma clamorosa las dos posturas que colisionarán como motor propulsor de la acción: Ren (Kevin Bacon), joven forastero oriundo de Chicago, representa las "modernas" y disolutas costumbres de los jóvenes de la gran ciudad; el reverendo Moore y acólitos promulgan el estilo de vida tradicional y el respeto a las normas de la comunidad.
No se hará esperar el estallido que provoca la presencia de Ren, que como un huracán azota todo a su paso, no sólo porque resulta ser un excelente bailarín, sino porque removerá los cimientos de una moral anquilosada - que llega a mostrar el feroz rostro del fanatismo - al tiempo que inicia una relación sentimental con la temeraria hija del reverendo (Lori Singer)



Footloose funciona de maravilla como película juvenil al estilo de Dirty Dancing o Flash Dance, pero resulta más profunda al ahondar en ese conflicto generacional y cultural. No obstante, aparte de la seriedad de la trama, el espectador podrá disfrutar de escenas de baile espectaculares, peleas, romances y otras escenas emocionantes como el duelo de tractores o la de Ariel en equilibrio entre dos coches; todo ello sin desdeñar el humor y acompañado por una gran banda sonora encabezada por la ya nombrada Footloose de Kenny Loggins y Holding Out For a Hero de Bonnie Tyler, y que incluye temas de Sammy Hagar, Deniece Williams o Shalamar, entre otros. Todo rebosa de ese espíritu juvenil tan característico de los ochenta y del que mucho tiene que ver un joven elenco actoral que incluye a Kevin Bacon, Lori Singer, Chris Penn y Sarah Jessica Parker; jóvenes talentos que cohabitan con veteranos como John Lithgow, Dianne Wiest o Frances Lee McCain, muy bien dirigidos por Herbert Ross (Sueños de un seductor, El secreto de mi éxito, Magnolias de acero).

Un clásico ochentero juvenil que triunfó en taquilla recaudando más de ochenta millones de dólares y que no se libró del consabido remake en 2011.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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Loca academia de policía 6: Ciudad sitiada (1989, Peter Bonerz) Police Academy 6: City Under Siege

Voy a finiquitar (de una vez por todas, os lo juro por Snoopy) con una saga ya sumamente desgastada, y de cuya parte me ocupo simplemente por el hecho de terminar lo empezado. 

De esta sexta parte (pero no última, puesto que en 1994 sí se cerró el ciclo con LOCA ACADEMIA DE POLICÍA: MISIÓN EN MOSCÚ) se ocuparía un director con una amplia experiencia en televisión (de hecho creo que esta es su única película en formato no televisivo) llamado Peter Bonerz. En esta ocasión nuestros héroes acuden al distrito del inefable capitán Harris (siempre secundado de Proctor) para ayudarle a detener a unos patéticos ladrones que están arrasando con la zona. De nuevo acompañados de Nick (Matt McCoy en la que será su última aparición en la saga), sustituyendo a Mahoney en la piel del sobrino del comandante Lassard (el recientemente difunto George Gaynes), el resto del reparto es fiel a anteriores entregas: Hightower, Tackleberry, Jones, Callahan, Hooks ... Con la  novedad de que se une después de dos películas ausente el gafe sargento Fackler (Bruce Mahler).

Poco más que decir. Quien ha visto una ha visto todas y los artífices de la saga nunca han querido arriesgar con nuevas propuestas en ningún momento. Este supuso el principio del fin con los pobres resultados de taquilla (once millones y medio cuando las demás superaron los 20) sólo superada por el descalabro de Misión en Moscú.

Descansa en paz comandante Lassard.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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Diner (1982, Barry Levinson) Diner


Portentoso debut a la par de atípico que conecta directamente con películas como American Graffiti (1973, George Lucas), aunque proviniendo de un director tan ecléctico como Barry Levinson (El secreto de la pirámide, Rainman, Sleepers, Esfera …) no resulta precisamente chocante.

Diner cuenta las andanzas de un grupo de veinteañeros de Baltimore a finales de los años 50. Combinando drama y humor nos habla de sus problemas, anhelos y pasiones en su etapa de transición a la vida adulta para ofrecernos un retrato universal del modo de vida del joven medio en aquel momento y lugar y construir un relato semi-autobiográfico de esta historia coral de la que también fue guionista. Para ello reclutó a un grupo de actores novatos primando la homogeneidad del grupo frente a estrellas individuales; no obstante, es difícil no hacer comparaciones y no ver que un tío como Mickey Rourke se zampa al resto de compañeros (entre los que se encuentras Steve Guttenberg, Daniel Stern, Kevin Bacon, Tim Daley y Paul Reiser) con patatas y salsa.



Para disfrutar de Diner hay que olvidarse de un relato lineal y zambullirse en distintas situaciones que varían entre discusiones absurdas en cafeterías a altas horas de la madrugada, conversaciones eruditas sobre música y la cruzada de Robert (Rourke) para pagar sus deudas. Y si por algo destaca es por la naturalidad que destilan sus secuencias. Para ello Levinson potenció mucho la relación de camaradería del reparto fuera de las cámaras y dio pie a múltiples improvisaciones cuando bajaba la claqueta.


En taquilla resultó un éxito modesto recaudando unos catorce millones con un presupuesto de cinco, pero en cuanto a críticas los resultados fueron excelentes. 


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Socios y sabuesos (1989, Roger Spottiswode) Turner & Hooch


Supongo que todos conoceréis algún “buddy film”, es decir, una película basada en la relación de dos colegas (generalmente masculinos) cuyas radicalmente distintas maneras de ser dan lugar a las más alocadas situaciones. Abundan ejemplos en el cine clásico : Abott y Costello, Laurel y Hardy …

En los ochenta fue muy popular un subgénero de las “buddy films” en la que los protagonistas, aparte de ser como la noche y el día, eran policías; a estas películas se les dio el nombre de “buddy cop films”. Quizás la primera buddy cop film sea El perro rabioso (1949) de Kurosawa y otro ejemplo muy interesante es El calor de la noche (1967), pero en los ochenta fue 48 horas (1982, Walter Hill) la que abrió la veda. Claro está a esta le siguieron Arma Letal, Tango y Cash, Lo oculto, Alien nación y un largo etcétera.


Lo que riza el rizo es que Socios y sabuesos entra dentro de un subgénero del subgénero, y es que estamos ante uno de los más destacados ejemplos (no fue la primera ya que se estrenó meses antes Superagente K-9 , protagonizada por James Belushi) de lo que se llamó “buddy cop-dog films” (manda …). Es decir, una película en la que un policía y un perro son los protagonistas.


¿Y qué nos encontramos en Socios y sabuesos? A mi ver es una película muy justita dirigida por Roger Spottiswode (El tren del terror, Dispara a matar) que mezcla comedia, acción, amor y un poquitín de drama sin destacar en nada en particular. Sin embargo, fue un éxito en taquilla, hecho que se explica (creo) al ser su protagonista nada menos que el amado Tom Hanks. A mi parecer es quizás una de sus películas menos interesantes, aunque no quite que sea entretenida y por momentos logre su propósito: divertir.

Scott Turner (Hanks) es un pulcro y metódico detective de una de las ciudades más tranquilas de los Estados Unidos que justo cuando se dispone a trasladarse a otra comisaría más movida se ve involucrado en un caso de asesinato. Como no, tendrá que hacerse cargo del perro de la víctima que resulta ser un bestial Dogo de Burdeos cuyos hábitos chocarán con el meticuloso estilo de vida del detective. Turner y Hooch, que así se llama el perro y así se tituló la película, establecen una caótica relación que dará lugar a las más tronchantes situaciones. Al tiempo, Turner, junto con su compañero David (Reginald VelJohnson, ¡ el Carl Winslow el de Cosas de casa que, para variar, actúa de policía!) se verán metidos en algo más que un caso de asesinato. Por si fuera poco, Turner, encontrará el amor en la veterinaria Emily Carson (Mare Winningham), con cuya perrita acabará también liado Hooch. 

Si bien el 90 % del metraje es comedia, el tramo final deviene en una película de acción con sorpresa y un final lacrimógeno que decepcionará a más de uno.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño (1988, Renny Harlin) A Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master


Cuando el sueño profundo cayó sobre los hombres, me sobrevino un temor y un estremecimiento que hizo temblar todo mi cuerpo.


Dado que la tercera parte (Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño) fue la más taquillera de la saga, la New Line Cinema no se lo pensó dos veces para dar continuación a las andanzas de nuestro cabroncete onírico favorito.


Entre los nombres que sonaban fuerte para dirigir (inexplicablemente) se encontraba el de Renny Harlin, un realizador poco experimentado de nacionalidad finlandesa que no entusiasmaba precisamente al productor Bob Shane, pero que al final fue elegido por su insistencia y al no convencerle tampoco ningún otro candidato. Harlin tuvo muy claro que el verdadero héroe de la historia debía ser Freddy Krueger y continuó la senda de ese humor negro que ya se había instalado en la tercera parte. Además, el hecho de que una inminente huelga de guionistas amenazase el rodaje, propició que sólo diesen siete días a Brian Helgeland (Mystic River, L.A Confidential) para escribir un guion basado en una historia suya y de su amigo William Kotzwinkle. Esto hizo que resultase muy general e incompleto, por lo que se improvisó mucho y Harlin se inspiró en sus propias pesadillas juveniles para las que acontecen en la película.



Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño enlaza directamente con Los guerreros del sueño. Los supervivientes Kristen (Tuesday Knight en lugar de Susanna Arquette), Kincaid (Ken Sagoes) y Joey (Rodman Eastman) prosiguen su vida después de los terribles acontecimientos vividos en el psiquiátrico. Pero de nuevo Kristen siente la presencia de Freddy y arrastra a sus amigos a sus sueños, hasta que de la forma más abolutamente absurda y estúpida (un perro que mea fuego, ¡por Dios!) Freddy resucita y tomará nuevamente venganza. Pero no creáis que Kristen vuelve a ser la fémina protagonista, esta pasa el testigo a Alice, la hermana de su novio Rick, y esta irá adquiriendo los poderes del grupo de amigos que Freddy irá liquidando uno a uno hasta que se enfrente a él.

Lo más interesante de esta parte, que por lo demás repite muchos clichés de las precedentes, es que, además de resultar muy divertida y entretenida, amplía las secuencias oníricas ofreciéndonos algunas realmente impactantes como la del beso de tornillo de Freddy a la asmática y empollona Sheila, la conversión en el bicho que más odia de Debbie, la pizza de almas, el bucle onírico o la de las almas luchando por escapar del pecho de Freddy; espectaculares secuencias obra de artistas de los efectos especiales como John Carl Buechler y Steve Johnson, que hacen de esta parte una de las más recordadas. La música, ambiental, electrónica y gótica es obra de Craig Sagan.




Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño debió ser el punto y final de una saga que con esta entrega dio todo lo que tenía que dar. Pero al lograr superar a la tercera parte en recaudación (recordemos que hasta ese momento había sido la más taquillera de la saga) al lograr casi 50 millones de dólares, la quinta parte no se hizo rogar. A partir de este punto el declive fue considerable, y, a pesar de contener elementos más o menos interesantes, las siguientes secuelas jamás alcanzarían la magia de estas cuatro primeras.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Maniquí (1987, Michael Gottlieb) Mannequin

Esta es una de esas imposibles películas ochenteras en la que todo lo imaginable podía ocurrir. Y es que si una computadora podía enamorarse de su vecina en Sueños eléctricos (1984) y un hombre lobo adolescente era la estrella de su equipo de baloncesto en Teen Wolf (1985), ¿por qué no iba a poder un torpe e inocente joven enamorarse de un maniquí que en realidad alberga una preciosa chica nacida en el antiguo Egipto? La idea se le ocurrió al director Michael Gottlieb tras ver la película One Touch of Venus (1948).


Pese a lo descabellado e inverosímil de su propuesta, esta ligera comedia romántica con toques fantásticos resulta muy agradable de ver y, por supuesto, destila nostalgia. La multitud de situaciones de enredo constituyen el fuerte de la película, y es que la egipcia Emmy (una guapísima Kim Catrall) sólo recobra su apariencia humana ante Jonathan Switcher (Andrew McCarthy)- para ayudarle a decorar escaparates al tiempo que se enamoran y luchan contra una conspiración del despiadado dueño del centro comercial rival y la despechada exnovia de Jonathan-, convirtiéndose en maniquí ante los ojos de cualquier otra persona. En el reparto destaca la presencia de Estelle Getty (Las chicas de oro), un irreconocible James Spader, nuestro querido Capitán Harris de la saga Loca academia de policía (G.W.Bailey) en la piel de Félix, el jefe de seguridad del centro comercial, y un cachondísimo Hollywood (Meshach Taylor) como decorador ultra mariposón que ayudará a Jonathan en su cruzada.


Maniquí recibió malas críticas, pero funcionó muy bien en taquilla recaudando más de 42 millones de dólares con un presupuesto de 8. Esto dio pie a una secuela que se estrenó en 1991 y que contaba de nuevo con Meshach Taylor. Fue nominada a un Oscar por el hit Nothing’s Gonna Stop Us Now de Starship.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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NOTHING'S GONNA STOP US NOW

Loca academia de policía 5: Operación Miami Beach (1988, Alan Myerson) Police Academy 5: Assignment: Miami Beach


El comandante Lassard asiste a lo que parece ser su última graduación de cadetes a vista de su inminente jubilación tras la que mucho tuvieron que ver las artimañas del capitán Harris.  Al mismo tiempo le es comunicado que va a ser nombrado policía de la década en una convención de policía que se celebra en Miami. Lassard, junto a su fiel séquito de policías (incluido Harris y su esbirro Proctor) irán a disfrutar del clima cálido y los placeres veraniegos que ofrece Miami, pero los problemas no tardarán en surgir …


Pues nada, amigos. Llegados a este punto poco tengo ya que contar que no sepáis (aunque ni siquiera hayáis visto esta parte). Si las primeras secuelas eran fundamentalmente lo mismo pues imaginaos esta. Y no porque repita el mismo argumento- es la primera vez que la acción se desarrolla fuera de los límites de la academia y narra una historia diferente -, cosa que básicamente sucedía con las cuatro primeras, sino porque una saga que funciona a base de sucesiones de gags poco más tiene que aportar en su quinta entrega, pese a que resulte entretenida y se deje ver bien … Y es que conocemos de memoria los vicios y virtudes de todos y cada uno de nuestros maderos favoritos, quienes, por cierto, ya no cuentan ni con Zed, ni con Sweetchuck, ni con el popular Mahoney, reemplazado por el sobrino del capitán Lassard, Nick (Matt McCoy), quien clona el carácter pendenciero del anterior personaje, y repite el grandullón House presentado en la cuarta entrega. La dirección vuelve a cambiar de manos y recae en esta ocasión en otro asiduo del formato televisivo, Alan Myerson. 

¡Prepárense para disfrutar con Tack apuntando con su Magnum a un tiburón, Harris y su divino bronceado y el bueno de Lassard y sus muchas, muchas meteduras de pata que le servirán para atrapar a una panda de malhechores!


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA






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Algo salvaje (1986, Jonathan Demme) Something Wild


Charles Driggs (Jeff Daniels), un anodino hombre de negocios, verá tambalear los cimientos sobre los que se asentaba su rutinaria existencia al conocer de forma tan casual como inusual a la explosiva y salvaje Lulu (Melanie Griffith). A partir de ese momento emprenderán un caótico viaje repleto de locuras.


Curioso crisol de géneros nos presenta un Jonathan Demme que en 1991 firmó esa obra maestra llamada El silencio de los corderos. Así, lo que comienza como una “screwball comedy” mezclada con una “road movie” plagada de situaciones disparatadas (con cánticos de Wil Thing de The Troggs en plena ruta incluídos) evoluciona hacia un thriller con tintes dramáticos - el punto de inflexión llega con la aparición de Ray Liotta como Ray, el celoso marido de Lulu – que puede recordar a Atracción Fatal (1987, Adrian Lyne) por el comportamiento obsesivo, violento y psicótico del susodicho Ray.

Este es, sin duda, un papel muy recordado de una Melanie Griffith que nos ofrece multitud de registros que oscilan entre lo cómico y lo dramático (y es que la cantidad de situaciones por la que pasa es de órdago) y destila un físico espectacular. En cuanto al resto, el histrionismo inmanente a Ray Liotta le viene como anillo al dedo para interpretar a este personaje y Jeff Daniels lo borda como chupatintas apocado.

La recomiendo por lo interesante e inclasificable de su propuesta.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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