Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Madres Caníbales (1989, James Aviles Martin) Flesh Eating Mothers


Madres Caníbales (1989, James Aviles Martin) Flesh Eating Mothers.


Queridos ochenters, ¿habéis tenido alguna vez esa sensación de inquietud irracional, ésa que os hace estremecer hasta el último vello de vuestro cuerpo, sin que sepáis cómo controlarlo? Pues así me he sentido yo durante este artículo, y no por el terror que pueda infundir esta película, si no por el horror literal de que exista esta película; como diría aquel, tiene que haber de to’ y es que si Ed Wood fue considerado el peor director de cine de la historia, James Aviles Martin debería ser considerado su sucesor espiritual en cuanto a cine de serie Z o psicotrónico se refiere, o sea, cine sin presupuesto ni talento.

Para comenzar, os contaré un poco de qué va la trama de esta cinta de terror y comedia. Agarraos a donde podáis...

Nos situamos en el típico barrio americano normal y corriente a las afueras de la ciudad, donde un padre cliché y promiscuo se dedica a tener relaciones sexuales con toda mujer casada que se preste del barrio, (y se prestan casi todas) El altruista personaje de pelo en pecho sigue a lo suyo y aprovecha cualquier oportunidad para satisfacer sus deseos sexuales (algunas situaciones son realmente absurdas rozando el mal gusto, ¿que una mujer sufre malos tratos? pues me acerco y me la llevo a la cama, tal cual) 
Tras tanto desfogue, decide hacerse unos análisis de sangre, ya que según sus propias palabras "hay que cuidarse".

Aquí el hombre en cuestión preocupado por su salud genital.

Tras estos análisis donde no le detectan nada fuera de lo normal, y después de una absurda charla de promiscuidad con el doctor presumiendo ambos de sus "logros" y conquistas se despide, no sin antes pedirle al médico que lo atiende (y no es broma) el teléfono de alguna de sus “amigas”, a lo que el doctor lejos de ofenderse y con una sonrisa de oreja a oreja le responde (y tampoco es broma) facilitándole una tarjeta de un burdel al que suele acudir con asiduidad.

El doctor golferas.

Tras marcharse de la clínica, la enfermera que trabaja para el doctor, que parece sacada de una película erótica de los 80, entra en escena para pedirle consejo clínico a su superior ya que, volviendo a analizar la sangre del paciente (el papi seductor), ha encontrado un virus muy raro que no es capaz de identificar.

¿Recordáis a la sargento Callahan de Loca Academia de Policía? Pues su hermana enfermera.

Tras la duda de su ayudante, el doctor haciendo gala de su profesionalidad, le responde que si no es gonorrea o sífilis no lo moleste, ya que es lo único que tratan en ese consultorio (¡toma ya!)

Tras esto, el padre sigue repartiendo placer a diestro y siniestro. Hasta aquí todo “normal”, pero al poco, las mujeres que han mantenido relaciones sexuales con él empiezan a sentir un hambre incontrolable.

Es una hamburguesa, que no panda el cúnico.

Además empiezan todas a la vez, (como quien le da a un botón) y tras ver que no satisfacen su apetito con nada, deciden seguir comiendo lo que encuentren, por ejemplo a sus hijos que los pillaban a mano (así, como suena, ¿que no tengo nada en la nevera? Me como a mi niño) Por suerte, la escasez de presupuesto hace que todo esto se represente de manera tremendamente cutre y cómica, que es lo que se pretende.

Aquí ya empiezan a cobrar importancia otros personajes que han ido apareciendo durante la película de manera anecdótica, como el forense que intenta resolver la situación (a la izquierda de la foto), el teniente manco que actúa de manera extraña y quiere impedir que se investigue el virus (centro), y el respetable policía (el personaje con el botellín de cerveza en mano con uniforme y todo.

¿Dónde me habré dejado yo la sierra?

Tras su merecida cerveza en la morgue durante su tiempo de descanso, el policía decide volver a casa, pero al entrar oye unos ruidos extraños que lo alarman (y más con un tercio en el cuerpo) ¿y qué encuentra allí? Pues…

Me como al niño con cáscaras y todo.

Ante la dantesca escena de ver a su mujer devorando a su hijo, decide sacar la pistola y actuar con toda la serenidad que un agente de la ley pueda tener

Sí, es un tiro en la frente y su correspondiente chorrito. (¡Ahí va qué chorrazo!)

Tras esta estampa y como es normal, sus compañeros creen que se ha vuelto loco, que es un psicópata, pues ha matado a su mujer y ha descuartizado (a mordiscos) a su hijo por lo que termina detenido. Lo de los restos de carne humana entre los dientes de su mujer ya si eso lo miran otro día.

Aquí ya empiezan a entrar en escenas todas las madres caníbales que poco a poco van pasando de un sutil maquillaje con sombra de ojos a parecer que quieran matar a Batman.

Dime chico, ¿has bailado con el demonio a la luz de la luna? - Joker, Batman (Tim Burton) 

La película es una sucesión de malas actuaciones muy a tener en cuenta. También atesora un sinfín de clichés en lo que a personajes se refiere, por ejemplo, entre los adolescentes (de treinta años); podemos encontrar a los abusones


A las dos típicas amigas de “amigas para siempre” 


Y el novio ligón de una de ellas que también intenta seducir a todo lo que se mueve


O el típico adolescente que sufre acoso pero que tiene más cuerpo que los abusones


Y el matón con buen corazón que es el primero en ayudar


Por suerte (y digo suerte porque realmente son los que nos dan las mejores frases) los adolescentes durante la trama empiezan a cobrar fuerza, indignándose porque sus madres se los quieran comer y deciden fugarse.

“¿Pero qué se ha creído? no le bastaba gritarme que ahora intenta comerme” (Madres Caníbales)

Aquí debo detenerme para comentar una pequeña conversación absurda, que de verdad me sacó una carcajada digna de cualquier comedia de David Zucker..
Os pongo en escena; tras el mencionado malestar de los adolescentes, se van encontrando los unos con los otros y cada uno expone sus penas. Aparece el siguiente adolescente muy afligido 




Y se produce este diálogo:


- Mi madre… se ha comido a mi hermano
- Mi madre también
- ¿También se ha comido a mi hermano?
- Y la mía se ha comido a mi padre
- ¡Pero tu madre no ha estado en mi casa!

Y así sigue el nivel del drama. Por cierto, y como dato para conocer la profundidad de este último personaje y de su difunto hermano, se divertían jugando a darse puñetazos mientras su madre pre-venérea leía plácidamente un libro en su sillón favorito.

La sombra son ellos dándose puñetazos a lo Bud Spencer y Terence Hill.

No os quiero destripar el final de esta curiosa película slasher carne de videoclub de finales de los 80 y posteriormente de cestas olvidadas repletas de DVD’s de alguna tienda, (sí, esa que está al final de esa calle oscura de vuestro barrio que nunca entráis) de hecho yo la encontré por un precio ridículo en un mercado oriental del que si llego a seguir buscando me vuelvo con un Mogwai. Aun así y sin contaros más, sí que os tengo que enseñar las cotas de calidad que puede llegar a tener esta cinta. 
Por ejemplo, la famosa venérea vista al microscopio que va infectando a todas las mujeres, enfermedad que sólo afecta a las que ya han sido madres.

Esa bolita negra con ojos y boca, que parece fruto de una infidelidad de la Sra Pacman, es el virus que devora las células de las madres y las vuelve caníbales.

O su posible cura, que viene a ser penicilina (sin más)

Las células se enfadan y golpean al virus.

O conversaciones inspiradas de los personajes, como la que tienen un par de madres ya con el virus en sus cuerpos y buscando carne humana que se preocupan porque se han dejado la plancha encendida.

Las madres en cuestión, preocupadas por la plancha.

Sus muchos fallos de raccord, que son los errores que se suelen cometer al romper la continuidad de las escenas, también es una tónica a repetir que os encontraréis con frecuencia. Podremos ver personajes que se desplazan en el espacio sin lógica alguna, bebidas que se llenan por arte de magia, distintas poses durante la misma escena… Un sinfín de errores que banalizan la importancia del papel del script.
“Madres Caníbales” es considerada a día de hoy, sobretodo en terreno americano, una película de culto y con un 4,2 en IMDb (ahí queda eso). Su director y escritor, James Aviles Martin, (del que no he podido encontrar ni una simple foto…) tiene otras joyitas en su haber que os pueden resultar igual de interesantes como “I Was A Teenage Zombie” pero que no llega a la altura de “Madres Caníbales”. Os dejo el tráiler con estas madres en bata de boatiné, en VO eso sí, ya que no he podido encontrarlo en castellano, para que podáis ver todo esto que os comento en movimiento.


Para ir terminando, quiero comentar algo que tiene gran importancia en la trama, y me refiero a su BSO. (Sí, tiene BSO) dirigida por Hayley Moss y sus efectos de sonido.
Las degluciones de las madres caníbales están acompañadas de un sinfín de sonidos guturales y de eructos que son el resultado de mezclar en el editor todos los sonidos desagradables que el editor ha encontrado, hasta cierta parte de la película que sin saber por qué, se sustituyen por el estridente alarido de un cerdo (pero sólo uno) que se repite hasta la saciedad ya que no se han molestado en buscar distintos quejidos del pobre animal para hacernos más amenas las escenas caníbales. Con respecto a su BSO, ¿conocéis esos “Free Samples” que algunas páginas ofrecen con descarga gratuita para usar libremente porque no tienen derechos de autor? Pues la BSO se ha montado exclusivamente con estos “Free Samples”. Pero además sin sentido alguno ni mucho menos buscando transmitir algo; da igual que sea una escena u otra, van cogidos a dedo (creo que sin previa audición) y han ido acompañando a las escenas. Eso sí, merece especial atención la canción con la que empiezan los créditos iniciales, “Suburbia” muy acorde también a la ilógica del montaje.


Poco más puedo contaros de esta cinta amigos, y, durante todo el artículo he pensado si recomendar si visionado o no, pero creo que con los datos que os he dejado, cada uno sabéis perfectamente si queréis verla o desechar la información recibida. (Eso sí, para Halloween os puede hacer un apaño cómico curioso)

No puedo despedirme sin antes dejaros una galería de fotos de las auténticas protagonistas, las madres caníbales, y si tenéis la “suerte” de encontrar la película en un polvoriento estante de un viejo y recóndito videoclub, tened lástima del pobre que la llegó a alquilar…

¡Hasta el próximo artículo!









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